Argentina: Las lecciones que dejó la campaña porteña

Por Alejandro Catterberg

Hace un mes y medio, LA NACION publicó la primera de una serie de encuestas que nos solicitó para cubrir la campaña electoral porteña. De su análisis surgió que Mauricio Macri obtendría una victoria clara en los comicios. Estos resultados se basaban principalmente en la historia electoral reciente del distrito sumada al buen nivel de aprobación de su gestión como jefe de gobierno, su alto nivel de imagen personal y el hecho de que la oposición se presentaba fragmentada. Adicionalmente, se destacaba que su principal rival, Daniel Filmus, no lograba obtener un nivel de votos considerable en un segmento clave del electorado, aquellos que veían con buenos ojos tanto la gestión de Macri en la ciudad como la de Cristina Kirchner en el Gobierno.
Los resultados de la primera vuelta y lo que se espera para el ballottage confirman lo que se evidenciaba con claridad. Más allá de ello, varios hechos quedan de este proceso.

El primero es la confirmación de la capacidad de Pro y de Mauricio Macri para realizar campañas electorales de forma efectiva, profesional y moderna. A partir de un contexto favorable, Macri supo encontrar el tono justo al discurso, evitar una nacionalización o una confrontación abierta con la Presidenta y exhibir sus principales hechos de gestión. Pero Pro no sólo hizo foco en estos aspectos, sino que también los rodeó de una dialéctica inclusiva, participativa, tolerante y esperanzadora. No es que una mala campaña hubiese producido una derrota del macrismo, pero lo habría dejado más cerca de su núcleo "duro" de votantes, de alrededor del 38%, que del 47% que finalmente logró.

En contraposición con Pro, el kirchnerismo demostró nuevamente su ineptitud para encarar campañas electorales. El oficialismo nacional no parece comprender que su estilo confrontativo, duro, directo y fragmentario de gobernar no es lo más adecuado a la hora de realizar una campaña. A eso se suman un muy mal diagnóstico de la situación local y una estrategia que parecía diseñada más para consolidar el voto kirchnerista que para captar alguno nuevo. La asimetría entre sus expectativas y sus acciones los llevó al estado de sorpresa, parálisis y recriminación interna que se observó los días posteriores al 10 del actual.

La elección también dejó en evidencia la fragmentación de la oposición, que no permitió que la oferta se concentrara en menos opciones.

Por último, ocurrió durante la campaña un nuevo e intenso debate sobre el rol y la fiabilidad de las encuestas. Al respecto, vale mencionar que en cualquier democracia occidental el uso principal de las encuestas es contribuir al diagnóstico, diseño y monitoreo de la estrategia electoral de un partido o un candidato. Adicionalmente, las encuestas electorales son una herramienta a través de la cual los medios de comunicación les brindan a sus audiencias información valiosa que contribuya a comprender la realidad social.

El uso de las encuestas como una herramienta de marketing electoral es un desvío de sus reales funciones, que además resulta ineficaz. Pero su utilización no por ineficaz deja de ser una realidad, lo que lleva a que durante las campañas haya una gran cantidad de encuestas que son financiadas por fuerzas políticas y difundidas por los medios que muestran una disparidad de resultados mayor que la tolerable por la técnica. Los elementos necesarios para que esto suceda son tres: primero, la creencia de los políticos en que la difusión de encuestas favorables tiene influencia en la decisión de voto de la gente. Segundo, la existencia de encuestadores con carencia técnica o métodos demasiados flexibles de medición y análisis que responden a los intereses del candidato que los contrata, y tercero, la existencia de medios que publican y difunden datos de encuestas a las que tienen acceso sin corroborar su fiabilidad y la trayectoria de la empresa ejecutora.

Muchos medios del mundo tienen como política no publicar encuestas que les son enviadas desde los comités de campaña. Más aún, los medios más serios e importantes directamente producen o encargan en exclusiva encuestas que comparten con sus lectores, haciéndose responsables por la veracidad y la calidad de la información que brindan.

Fuente: La Nación
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España: Elecciones anticipadas

Por Rebeca Gómez Gázquez

Hace dos semanas pudimos ver circular por Internet el cartel electoral de Pérez Rubalcaba. Blanco sobre Rojo, podía leerse la fecha convocada del 20N. Con la amenaza crecida entre sus propias filas, toda España tuvo conocimiento de este otro secreto de Rubalcaba que, sin arrugar la tez, seguía negando la mayor sin bajar la mirada.

El solícito adelanto electoral ha golpeado cada día las puertas del Gobierno. Las familias sin recursos para sobrevivir con dignidad, sin posibilidad de ajuste para hacer frente a sus necesidades elementales y perdiendo muchas de ellas sus viviendas, los niveles de destrucción de empleo en un récord histórico y sin luz hacia cualquier posibilidad, los emprendedores arruinados, las puertas de los comercios, fábricas y naves industriales cerradas y la confianza interna y externa radicalmente desgastada. Todas las miradas puestas en España, mientras la ministra de Economía departía impasible con los líderes europeos sobre el segundo rescate a Grecia y en el Congreso los diputados ociosos debatían sobre la oportunidad del uso de la corbata.

Cómo no indignarse. Puede que haya habido equívocos, pero el movimiento no solo reside en las tiendas de campaña de las plazas de toda España. Han confluido varios géneros de indignación: quienes de una manera activa y coordinada desde las redes sociales han estado en las reivindicaciones concentradas de calles y plazas y quienes desde su padecimiento se han ilusionado con una postura colectiva no organizada que apoya el cambio.

Los indignados están en cada calle, en cada reunión de amigos, en cada clase universitaria, en cada hilera de personas que esperan su turno ante las oficinas del SAE, en cada tienda, en cada puesto de atención ciudadana de los Ayuntamientos, en cada grupo de Cáritas, en cada comedor social, en cada playa, en cada reunión de departamento de los colegios, los institutos y las universidades, en cada hospital, en cada cine, en cada vecindario, en cada recital de poesía, en cada banco.

Ayer conocíamos, por fin, la decisión del Gobierno de Rubalcaba y Zapatero. Habrá elecciones generales anticipadas. Da igual qué día. Con mejor o peor estilo, ayer se abría una puerta. Esta vez a la esperanza, a la ilusión, al cambio, a la expectativa de que algo ocurra, de que se reconduzca la errática senda por la que el gobierno socialista nos ha hecho discurrir y poder salir del abismo y la incertidumbre. Una puerta abierta a creer en nuestras capacidades y en nuestro potencial, a sentirnos orgullosos de nuestro país, a crecer.

Mientras, la Consejera Mar Moreno aseguraba que no habría un adelanto de las elecciones autonómicas en Andalucía. Sería bastante cuestionable que España pueda o no permitirse un año completo dedicado al marketing electoral, y la administración autonómica seguir paralizada por la maquinaria de dos procesos electorales más. Griñán podría plantearse hacer coincidir, una vez más, ambos comicios, y disolver el Parlamento a la vuelta de agosto, un mes difícil para la economía andaluza tras el que muchas empresas no volverán a abrir sus puertas. Sucumbiría a la censura por la irresponsabilidad de no hacerlo.

Es cierto que Andalucía merece un debate único y que la opinión en el seno del PSOE-A enfoca el desgaste de la política errática y bipolar de Rubalcaba y Zapatero, pero quienes quieren seguir asidos de una u otra forma a la política autonómica en Andalucía saben que otorgar un solo minuto al debate sobre su gestión les arrojaría sin ningún género de duda al peor resultado electoral conocido por el PSOE en toda España.

Aunque la simultaneidad de la noticia nacional y andaluza habría restado miradas y críticas, también es cierto que Griñán podría buscar acomodar en el próximo Parlamento andaluz a quienes queden fuera del estatal. Eliminar a los parlamentarios alcaldes de su partido –y de paso a los de los demás partidos-, dejaría hueco a todos los ‘sobrantes’ del resto de España que hayan quedado sin credencial en las elecciones generales. Rubalcaba y Griñán podrían haber llegado a un acuerdo para que Griñán convoque en marzo y no en noviembre, y a modo de ‘coche escoba’ recoger a todos los que alimentaran al partido en la oposición. Se trataría así de preservar a los compañeros más leales y a los que mejor conocen los secretos intramuros del PSOE.
Quería Griñán una renovación joven del PSOE andaluz, pero quizás no tenga más remedio que convertir el partido en Andalucía en un reducto de elefantes. Al tiempo.

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El pulso de Obama tropieza en Twitter

A pesar de la fama de Barack Obama como un maestro del marketing político a través de internet y las redes sociales, su última campaña en Twitter para que los republicanos voten a favor de aumentar el endeudamiento de EE.UU. le ha costado la retirada de unos 40.000 seguidores. Al parecer, el equipo online del presiente habría roto con las buenas maneras de Twitter al utilizar ese escueto hilo de comunicación para divulgar las cuentas de decenas de legisladores conservadores en búsqueda de una oleada de mensajes de presión para alcanzar un compromiso presupuestario. Esta práctica de saturación con más de un centenar de tweets en cadena no habría gustado a algunos susceptibles seguidores, que lo último que quieren es ver cómo un medio limitado a 140 caracteres por mensaje se convierte en un spam no deseado.

Todo ese malestar habría llegado a revertir la tradición de «Follow Friday» (recomendar a alguien los viernes) para borrarse de Obama. Con todo, el ocupante de la Casa Blanca dispone de más de nueve millones de seguidores en Twitter. Lo que le convierte en la tercera personalidad más seguida en el planeta «twittero», después de Lady Gaga y Justin Bieber aunque por delante de Britney Spears y Katy Perry.

Fuente: ABC
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