¿Nos manipulan mediante las series de televisión?

¿Tratan de introducir mensajes en las series para que cambiemos nuestra opinión? Para algunos expertos, resulta evidente que las ideas que se transmiten a través de la televisión pueden tener un gran peso a la hora de conformar nuestros modos de pensar. Para otros, por el contrario, no podemos caer en el error de creer que vamos a cambiar nuestra forma de ver las cosas simplemente por lo aparecido en una serie.

En todo caso, lo que parece fuera de discusión es que, en el grado que se quiera, pero la influencia existe. Como asegura, el asesor de comunicación y autor de Filopolítica, Antoni Gutiérrez- Rubí, “toda la programación televisiva (desde las series históricas hasta los realities, desde Gran Hermano a Cuéntame) crea marcos mentales y culturales. La televisión, su potente presencia e impacto social, y con su consumo intensivo por la sociedad española, es una poderosa herramienta para crear estados de opinión centrados alrededor de la oferta televisiva. Las personas acabamos pensando alrededor de lo que vemos, leemos y oímos”. Para Álvaro de la Torre, profesor de escritura para los medios de comunicación de la universidad CEU San Pablo, “los estudios realizados demuestran que los mensajes de las series de televisión tienen un efecto socializador elevado. Son como una lluvia fina que empapa a largo plazo”.

Según Víctor Sampedro, catedrático de Comunicación Política de la Universidad Rey Juan Carlos, “las teleseries siempre han sido un vehículo de debate social sobre temas cotidianos y en algunos casos, se han empleado conscientemente para incidir en la sociedad, como ha ocurrido en las telenovelas hispanoamericanas, donde se insistía sobre los problemas de sanidad para concienciar al espectador”. Sabedores de esta fuerza, “muchos grupos sociales han realizado acciones de lobby con productores de las teleseries para elevar la visibilidad y el status simbólico de determinados grupos. El caso paradigmático en Occidente es el de los grupos de igualdad de preferencia sexual. La normalización que las pantallas de televisión introducen sobre estos sectores sociales les favorecen mucho en cuanto a sus demandas de políticas de igualdad”.

Pero esas reivindicaciones, asegura de la Torre, están convirtiéndose en algo muy distinto. En la actualidad “sólo hay una serie protagonizada por una familia tradicional, y se trata de Cuéntame, que transcurre más de 30 años atrás. Las investigaciones que se están realizando en el CEU desde 1998 muestran cómo las series están cada vez más orientadas hacia un tipo de ideología y una manera de ver la vida. Y en ese marco debe encuadrarse la serie La República”.

La mención que realiza de la Torre a la ficción serial emitida por TVE tiene que ver con las declaraciones realizadas por el diputado del PP Ramón Moreno, quien comentaba cómo a través de estas series se está rehaciendo la historia y se están transmitiendo mensajes favorables al partido en el gobierno, con frases textuales como “Votaré a la izquierda porque de ella depende el futuro de este país y de mis hijos" o "Todos sabemos que la derecha sólo atenderá los derechos de unos pocos, por eso soy miembro del partido socialista”.

Sin embargo, asegura Moreno, su queja no va sólo referida a La República, sino que se amplía “a la utilización abusiva de series basadas en la misma época de la historia de España, como Amar en tiempos revueltos, Cuéntame, o La señora. Y próximamente se emitirán más series de este tenor”. El problema de fondo, pues, es el empleo de la ficción como forma de revisar la historia, ya que, asegura De la Torre, “las series de éxito de TVE están fotografiando las épocas importantes del siglo XX español, desde los años 20 hasta el tardofranquismo, siempre desde una visión de izquierda/ centro izquierda, tanto en la forma como en los temas que se abordan”.

El magnetismo de las series históricas

Según Gutiérrez-Rubí, este empleo de nuestro pasado cercano está justificado desde varios puntos de vista, siendo uno de los más relevantes “el irresistible atractivo mediático, cultural, social que tiene la historia. Las series históricas tienen gran magnetismo. Nos identificamos con ellas y sus personajes. Y aunque conozcamos el desenlace de los hechos queremos recrear los ambientes, los personajes, las tramas y las emociones”. Además, en lo que se refiere a la historia reciente de España, “la proximidad en la vida cotidiana de muchísimas familias es un hecho incuestionable. Por ello, hay que entender que, desde una concepción comercial pero aún más de servicio público, es un acierto que nuestras cadenas televisivas programen series históricas. Cuéntame es un claro ejemplo de la combinación de los tres elementos clave, historia, proximidad y calidad (en el guión, en la interpretación, en la trama)”. Para Gutiérrez Rubí, deberíamos felicitarnos por contar con estas ficciones, al tiempo que deberíamos promover que se emitieran productos similares en el futuro, en tanto esta recuperación del pasado “nos permite mirar al futuro sin cerrar los ojos a la historia”.

Otra cuestión es que la diferencia entre las dos principales fuerzas políticas en relación a la memoria histórica provoque una polarización de su posición sobre dichas series televisivas. Pero no hay que confundir, asegura, “la pugna por la agenda y por la presencia de temas e ideas en la opinión pública con la manipulación a lo Goebbels. Que un tema esté presente no quiere decir que se pueda manipular”.

Para Víctor Sampedro, es claro que la utilización de las series ha existido tanto con este gobierno como con los anteriores. “No hay que olvidar que Cuéntame surge en el periodo del PP y Aznar, y que se trata de una serie que había circulado por las televisiones durante siete años, que ninguna cadena se había decidido a emitirla, y que fue TVE la que se decidió a programarla. Con ella puso en marcha una versión de la historia reciente más bien edulcorada y costumbrista, con más tono de culebrón que de análisis y reflexión política, cuya orientación venía bien a las intenciones del PP”.

Según Sampedro, los populares trataron de eliminar algunas rémoras discursivas que les vinculaban con el neofranquismo “mediante la recuperación de figuras de la República, como Azaña, Miguel Hernández o Max Aub, que fueron integradas en la iconografía de un PP más moderno y liberal. Y eso se acompañó con un fenómeno editorial de revisionismo franquista o nacional católico”. Así pues, señala Sampedro, “quien primero se lanza a reflexionar sobre la historia cercana y proyectar discursos sobre ella fue el partido conservador”. Ahora podríamos estar asistiendo a un fenómeno contrario, “el de una izquierda socialdemócrata que trata de recuperar el pasado porque se da cuenta del error de no haber reactualizado el proyecto político que tuvieron tanto durante la Segunda República como durante la época del antifranquismo”. Este empleo de la historia, asegura, es un arma de doble filo tanto para la derecha como para la izquierda,

El problema de fondo, en opinión de Álvaro de la Torre, no es la recuperación de la historia, “una operación que tiene gran validez comercial, ya que conecta muy bien con esa audiencia que va desde los 45 hasta los 70 años, y que ha permitido, por ejemplo, que una serie como Amar en tiempos revueltos lidere los ranking desde hace cinco años”; la cuestión es, más bien, hasta qué punto los mensajes se están radicalizando. “Cada vez vemos tertulias más sesgadas y series con ideología más marcada. Por eso sería muy conveniente que TVE, que es una cadena obligada a ello por su carácter público, presente series, programas y debates más imparciales y menos sesgados”.

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