España: ¿Puede ganar Rajoy tumbado?

Cómo le gusta a Rajoy el perfil bajo. Desde que el presidente del PP consiguió neutralizar los asuntos peliagudos que le incomodaban en su discurso, ha desaparecido literalmente de la escena pública. En realidad ya apuntaba maneras hace un par de años, cuando se materializó la crisis económica en nuestro país. Por aquel entonces, principios de 2008, todavía le recordamos imbuido en elaboradísimas y complejas exposiciones sobre lo que es bueno, lo que es malo, dónde está cada uno y qué se puede esperar de él (¿recordáis su “seré un presidente previsible (…)” Si bien es cierto que en época electoral necesitaba dar aire a sus propuestas, aunque sólo fuese porque necesitaba tener el foco sobre él y aparecer ante los ciudadanos como presidenciable.

Desde que perdió (nuevamente) las elecciones, Pedro Arriola le ha construido un cascarón del que únicamente sale para gritar un NO preventivo, como explica majistralmente Carlos E. Cué este domingo en El País (Y Forges arriba, claro). Ha reducido a la mínima expresión sus ruedas de prensa (¿cuándo dió la última?); ha (casi) eliminado su participación en conferencias, salvo para presentar a compañeros suyos, lo que le permite evitar el foco de atención sobre él; no concede entrevistas; no expone alternativas a las políticas que ha puesto en marcha el PSOE… Como me decía un cliente hace un tiempo, ¿por qué te crees que Peridis, desde año un año, dibuja a Rajoy tumbado y con un puro?



El colmo de la situación es que, en realidad, el PP también ha dejado de hablar de economía, que era su bandera. Simplemente… no habla, le ha cedido el terreno mediático a Zapatero, básicamente para que sea devorado por la prensa y la opinión pública.

Por otro lado, tenemos unas encuestas arrolladoras (arrioladoras jeje) para el PP, hasta 14 puntos por encima, lo que llevaría a una conclusión evidente: la estrategia de perfil bajo funciona, como se encargan de decir por los pasillos los dirigentes del PP. Pero, ¿hasta cuándo?

En las fases valle de las legislaturas, que es en la que nos encontramos actualmente, ponerse de lado y regalarle la prensa al adversario, máxime cuando este está apuradísimo, con una imagen personal derrumbada, un partido con incipientes problemas internos y una economía por resucitar, pues tiene sentido. Otra cosa es pensar que esa estrategia puede perdurar más allá de primer semestre del año que viene.

En algún momento, la atención va a virar hacia la oposición: en parte porque forma parte del ciclo natural de la política. Pero también porque, si entramos en fase preelectoral, los medios y la opinión pública van a pedir respuestas. Y, lo que es más importante: Zapatero va a vender logros, que a nadie le queda duda, cuanto tenga un dato que airear, como es lógico. El PP se aferra a que el paro no arrojará buenas cifras en marzo de 2010 y que éste el dato importante, el que preocupa, el que decide.

Pero lo importante también es una percepción y yo apuesto más porque el votante valore la recuperación, si la hay, en términos globales. O lo que sería aún más interesante, que valore el “esfuerzo” del presidente, aunque este escenario parezca hoy de otra galaxia.

Hasta entonces, Zapatero se encuentra ante la horrosa disyuntiva de tener que situar cómo única estrella de su agenda política a las reformas económicas cuando es, precisamente, el asunto que le lamina como líder y le debilita como gerente. Bien haría que poner sobre la mesa otros asuntos, en boca de sus ministros, que le recuperen la imagen de conquistador de derechos sociales.

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