Creo que están dadas las condiciones objetivas fundamentales como para asegurar hoy que el licenciado Julio Cesar Valentín, actual presidente de la Cámara de Diputados, será el próximo senador de la Provincia de Santiago de los Caballeros. Valentín no es un candidato más, es una figura pública que reúne condiciones excepcionales para ganar cómodamente la posición a la que aspira.
Sin embargo, el joven y ascendente dirigente peledeista debe prestar atención a lo que acontece con su discurso, así como a la forma en que se teje y entreteje su imagen en los medios de comunicación. En lo que respecta al trabajo de comunicación por la consecución de la Senaduría de Santiago, es evidente que el equipo responsable de estas tareas no ha logrado explotar las condiciones políticas de Valentín, pero mucho menos asentar una línea de diferenciación clara de éste con respecto al candidato ubicado en su lateral frontal.
Una pena, porque si bien el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) goza en estos momentos de un excelente posicionamiento, tampoco deja de ser cierto que la dureza y la calidad del voto ciudadano está intrínsicamente ligada al factor convencimiento, en el que necesariamente entran en juego las variables temático-argumentativas de campaña. Perder de vista que las inclinaciones perceptivas en el marco de una campaña electoral van directamente alineadas con el desempeño temático, conceptual y argumentativo del candidato y su sistema de voceria, es un error grave, en virtud de que con ello la línea de posicionamiento tiende a expresar debilidades y fallas perceptibles en forma de cadena, pero básicamente a nivel de los gestores de opinión publica.
Ojala, señores, que no se desvíe el objetivo crítico del presente artículo. Y que en las esferas de mando del equipo del amigo Julio Cesar Valentín puedan percibirse las consecuencias de este desfase en la estructuración argumental y discursiva de su campaña. Para nosotros, la candidatura de Julio César Valentín está llamada a triunfar en Santiago, por las características de la coyuntura, al igual que por el empuje del PLD en la comunidad de votantes, dos cosas parecidas, aunque no iguales. El rendimiento en materia de comunicación estratégica no es una cuestión de simple habilidad, sino de planificación y creatividad constante. Descuidar aspectos como los aquí señalados pudiera inducir a serios contratiempos, entre ellos dificultar a la comunidad de votantes percatarse de las bondades reales del candidato y, junto a ello, mermar la potencialidad del voto a su favor. Lo que se constata el trabajo de comunicación y marketing electoral del licenciado Julio Cesar Valentín es una debilidad de diferenciación semántica, acentuada por la frecuencia en que comunicadores de su staff se arrogan funciones de vocerías sin considerar la prioridad de las temáticas y, mucho menos, su esencia de contenido. Conviene, asimismo, en este punto, resaltar que a la falta de una visión integral de la comunicación política y su complejidad, en el entorno cercano de nuestro candidato a senador prevalecen premisas equivocadas sobre el proceso de posicionamiento.
Como tal, estas premisas no hacen más que inhabilitar el potencial del peledeismo local en términos de planificación y propagación de sus propuestas políticas-electorales. ¿Quién sirve realmente de vocero a la candidatura del licenciado Julio Cesar Valentín? No es posible reducir una función como ésta, de naturaleza vital en el manejo cotidiano de los temas y contratemas de campaña, a una disputa interna que disgrega e impide sumar soluciones a los problemas de concepción y manejo estructural visible en la orientación de contenido de su campaña. Julio Cesar Valentín necesita sustanciar su discurso y, de forma más concreta, afianzar su estrategia de diferenciación frente al candidato perredeísta.
De no hacerlo estaría expuesto a cualquier cosa, pero básicamente a ver afectado su liderazgo como resultado de la ejecución de una pobre estrategia de comunicación e imagen. Estoy convencido de que “Santiago quiere más’, pero sin un discurso de calidad y una clara argumentación de sus propuestas el indicar es que pudiéramos tener mas de lo mismo.
Fuente: El Nuevo Diario
Sin embargo, el joven y ascendente dirigente peledeista debe prestar atención a lo que acontece con su discurso, así como a la forma en que se teje y entreteje su imagen en los medios de comunicación. En lo que respecta al trabajo de comunicación por la consecución de la Senaduría de Santiago, es evidente que el equipo responsable de estas tareas no ha logrado explotar las condiciones políticas de Valentín, pero mucho menos asentar una línea de diferenciación clara de éste con respecto al candidato ubicado en su lateral frontal.
Una pena, porque si bien el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) goza en estos momentos de un excelente posicionamiento, tampoco deja de ser cierto que la dureza y la calidad del voto ciudadano está intrínsicamente ligada al factor convencimiento, en el que necesariamente entran en juego las variables temático-argumentativas de campaña. Perder de vista que las inclinaciones perceptivas en el marco de una campaña electoral van directamente alineadas con el desempeño temático, conceptual y argumentativo del candidato y su sistema de voceria, es un error grave, en virtud de que con ello la línea de posicionamiento tiende a expresar debilidades y fallas perceptibles en forma de cadena, pero básicamente a nivel de los gestores de opinión publica.
Ojala, señores, que no se desvíe el objetivo crítico del presente artículo. Y que en las esferas de mando del equipo del amigo Julio Cesar Valentín puedan percibirse las consecuencias de este desfase en la estructuración argumental y discursiva de su campaña. Para nosotros, la candidatura de Julio César Valentín está llamada a triunfar en Santiago, por las características de la coyuntura, al igual que por el empuje del PLD en la comunidad de votantes, dos cosas parecidas, aunque no iguales. El rendimiento en materia de comunicación estratégica no es una cuestión de simple habilidad, sino de planificación y creatividad constante. Descuidar aspectos como los aquí señalados pudiera inducir a serios contratiempos, entre ellos dificultar a la comunidad de votantes percatarse de las bondades reales del candidato y, junto a ello, mermar la potencialidad del voto a su favor. Lo que se constata el trabajo de comunicación y marketing electoral del licenciado Julio Cesar Valentín es una debilidad de diferenciación semántica, acentuada por la frecuencia en que comunicadores de su staff se arrogan funciones de vocerías sin considerar la prioridad de las temáticas y, mucho menos, su esencia de contenido. Conviene, asimismo, en este punto, resaltar que a la falta de una visión integral de la comunicación política y su complejidad, en el entorno cercano de nuestro candidato a senador prevalecen premisas equivocadas sobre el proceso de posicionamiento.
Como tal, estas premisas no hacen más que inhabilitar el potencial del peledeismo local en términos de planificación y propagación de sus propuestas políticas-electorales. ¿Quién sirve realmente de vocero a la candidatura del licenciado Julio Cesar Valentín? No es posible reducir una función como ésta, de naturaleza vital en el manejo cotidiano de los temas y contratemas de campaña, a una disputa interna que disgrega e impide sumar soluciones a los problemas de concepción y manejo estructural visible en la orientación de contenido de su campaña. Julio Cesar Valentín necesita sustanciar su discurso y, de forma más concreta, afianzar su estrategia de diferenciación frente al candidato perredeísta.
De no hacerlo estaría expuesto a cualquier cosa, pero básicamente a ver afectado su liderazgo como resultado de la ejecución de una pobre estrategia de comunicación e imagen. Estoy convencido de que “Santiago quiere más’, pero sin un discurso de calidad y una clara argumentación de sus propuestas el indicar es que pudiéramos tener mas de lo mismo.
Fuente: El Nuevo Diario
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