Por Nelson H. Miranda Ch.
La semana pasada el Jurado Nacional de Elecciones publicó el reglamento de propaganda electoral, que modifica el artículo 15, disponiendo que los medios de comunicación difundan la propaganda electoral de una organización política, sí es que ha habido una negativa injustificada para prestar el servicio; y las protestas no se dejaron esperar. Ulises Montoya, miembro del JNE, dijo que esta norma “no afecta la libertad de prensa ni la libertad de la empresa periodística”.
A mi criterio, no está obligando, pero sí exhorta. De no cumplirse con lo establecido, el JNE informa al Ministerio de Transporte y Comunicaciones, para que tomen las sanciones correspondientes.
Esta situación me permite opinar algunos aspectos que surgen, en esta etapa electoral. Cuando visualizamos una entretenida entrevista de farándula o un evento donde hay un discurso; lo que se transmite, es un mensaje muy sutil.
Al estilo norteamericano; los medios escritos lo transforman en comunicación política. El sociólogo, Fernando Tuesta Soldevilla, señala: “El ciudadano está pensando que la política es lo que los medios transmiten”.
Lo que se constata es una contienda disimulada entre las empresas encuestadoras. La permanente competencia no es la publicidad. Ésta se reduce a: novedad (sobre todo escándalo), actualidad (desde el matrimonio de los familiares del candidato). Hay ausencia de debate. Se recurre al sondeo de opinión, siendo noticia, los resultados.
El periodismo cívico, reclama “un proceso de formación de la opinión pública” con transparencia.
Se afirma que existe riesgo, cuando una encuesta pre electoral es difundida. Por un lado, hay tendencia a acomodarse a la mayoría. Por otro lado, la tendencia es favorecer al débil. Esta estimulación, señala Floyd Allport, es un efecto de imitación, en todo caso, es una sugestión más que una decisión racional. Varios especialistas en política y en periodismo cívico, indican que, “los resultados de las encuestas no son impactantes, pero sí la forma como es publicada”. Entonces, se reconoce que la publicación de los sondeos de opinión, son persuasivos. Sin embargo, el politólogo ecuatoriano Jaime Durán Barba (1993), afirma que en torno a las encuestas hay seis ideas.
Invito a usted, amable lector, señale cuál es falsa y cuál es media verdad:
1- Cuando un candidato aparece ganando una encuesta, consigue más votos.
2- Los electores, especialmente los menos politi-zados, son fáciles de engañar.
3- Todos los ciudadanos, o al menos la gran mayoría, lee resultados de las encuestas.
4- La gente vota por ganador.
5- Las encuestas polarizan la elección entre par-tidos con más posibilidades.
6- Los electores deben decidir cómo votar, sere-namente, sin que su conciencia sea alterada por elementos externos, como las encuestas.
Desde 1984 la legislación electoral señala que, 15 días antes de la elección. ya no se puede publicar y difundir encuestas. El 1 de octubre de 1997 la Ley Orgánica de Elecciones Nº 26859 lo ratifica en su artículo 191 y sanciona al infractor con la multa de una Unidad Impositiva Tributaria (UIT).
Sin embargo, a insistencia de las protestas, la Organización de los Estados Americanos (OEA), dictamina que se podrá hacer proyecciones hasta el domingo anterior al día de las elecciones. Existe el compromiso ético de los comunicadores en trabajar unidos por un mejor país. Está abierto el camino, y hay que cuidarse al andar en este asunto de la comunicación y la política.
Si las encuestadoras y los medios tienen importancia en una campaña electoral, deberíamos ser celosos de lo que la ley señala: “La persona o institución que realice encuestas electorales para su difusión, debe inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones”. Para tal efecto deberá acreditar su denominación y domicilio, presentar la ficha técnica (tamaño de la muestra, nivel de representatividad, margen de error y la fecha).
Como afirma, Rosa María Alfaro Moreno: “En una sociedad democrática, el papel de los medios de comunicación, es construir lo público” (Calandria, 2005). No hacerlo, es seguir en la soledad y el desconcierto. La cuestión es construir la democracia y fortalecerla. Nuestro rol es: contribuir con la verdad.
Fuente: Diario Voces
La semana pasada el Jurado Nacional de Elecciones publicó el reglamento de propaganda electoral, que modifica el artículo 15, disponiendo que los medios de comunicación difundan la propaganda electoral de una organización política, sí es que ha habido una negativa injustificada para prestar el servicio; y las protestas no se dejaron esperar. Ulises Montoya, miembro del JNE, dijo que esta norma “no afecta la libertad de prensa ni la libertad de la empresa periodística”.
A mi criterio, no está obligando, pero sí exhorta. De no cumplirse con lo establecido, el JNE informa al Ministerio de Transporte y Comunicaciones, para que tomen las sanciones correspondientes.
Esta situación me permite opinar algunos aspectos que surgen, en esta etapa electoral. Cuando visualizamos una entretenida entrevista de farándula o un evento donde hay un discurso; lo que se transmite, es un mensaje muy sutil.
Al estilo norteamericano; los medios escritos lo transforman en comunicación política. El sociólogo, Fernando Tuesta Soldevilla, señala: “El ciudadano está pensando que la política es lo que los medios transmiten”.
Lo que se constata es una contienda disimulada entre las empresas encuestadoras. La permanente competencia no es la publicidad. Ésta se reduce a: novedad (sobre todo escándalo), actualidad (desde el matrimonio de los familiares del candidato). Hay ausencia de debate. Se recurre al sondeo de opinión, siendo noticia, los resultados.
El periodismo cívico, reclama “un proceso de formación de la opinión pública” con transparencia.
Se afirma que existe riesgo, cuando una encuesta pre electoral es difundida. Por un lado, hay tendencia a acomodarse a la mayoría. Por otro lado, la tendencia es favorecer al débil. Esta estimulación, señala Floyd Allport, es un efecto de imitación, en todo caso, es una sugestión más que una decisión racional. Varios especialistas en política y en periodismo cívico, indican que, “los resultados de las encuestas no son impactantes, pero sí la forma como es publicada”. Entonces, se reconoce que la publicación de los sondeos de opinión, son persuasivos. Sin embargo, el politólogo ecuatoriano Jaime Durán Barba (1993), afirma que en torno a las encuestas hay seis ideas.
Invito a usted, amable lector, señale cuál es falsa y cuál es media verdad:
1- Cuando un candidato aparece ganando una encuesta, consigue más votos.
2- Los electores, especialmente los menos politi-zados, son fáciles de engañar.
3- Todos los ciudadanos, o al menos la gran mayoría, lee resultados de las encuestas.
4- La gente vota por ganador.
5- Las encuestas polarizan la elección entre par-tidos con más posibilidades.
6- Los electores deben decidir cómo votar, sere-namente, sin que su conciencia sea alterada por elementos externos, como las encuestas.
Desde 1984 la legislación electoral señala que, 15 días antes de la elección. ya no se puede publicar y difundir encuestas. El 1 de octubre de 1997 la Ley Orgánica de Elecciones Nº 26859 lo ratifica en su artículo 191 y sanciona al infractor con la multa de una Unidad Impositiva Tributaria (UIT).
Sin embargo, a insistencia de las protestas, la Organización de los Estados Americanos (OEA), dictamina que se podrá hacer proyecciones hasta el domingo anterior al día de las elecciones. Existe el compromiso ético de los comunicadores en trabajar unidos por un mejor país. Está abierto el camino, y hay que cuidarse al andar en este asunto de la comunicación y la política.
Si las encuestadoras y los medios tienen importancia en una campaña electoral, deberíamos ser celosos de lo que la ley señala: “La persona o institución que realice encuestas electorales para su difusión, debe inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones”. Para tal efecto deberá acreditar su denominación y domicilio, presentar la ficha técnica (tamaño de la muestra, nivel de representatividad, margen de error y la fecha).
Como afirma, Rosa María Alfaro Moreno: “En una sociedad democrática, el papel de los medios de comunicación, es construir lo público” (Calandria, 2005). No hacerlo, es seguir en la soledad y el desconcierto. La cuestión es construir la democracia y fortalecerla. Nuestro rol es: contribuir con la verdad.
Fuente: Diario Voces
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