México: La democracia de algo sirve

El contraste entre las reacciones sociales y políticas a raíz de los daños provocados por el mismo fenómeno entre Haití y Chile obligan a varias reflexiones. Podemos encontrar coincidencias y divergencias entre ambas naciones, tanto en sus historias políticas como frente a desastres naturales.

Para ninguno de estos dos países es la primera experiencia provocada por un evento de la naturaleza. Los huracanes e inundaciones han devastado varias veces a la población haitiana, así como los terremotos a las y los chilenos. El dolor y la desesperación de cada persona daminificada no tiene fronteras. Ambas sociedades han sufrido los abusos de dictaduras sangrientas, pero no han desarrollado de manera similar su cultura política, su conciencia cívica, ni prácticas semejantes de protección civil.

A poco del terremoto en Chile, la presidenta Bachelet se presentó ante los medios de comunicación para informar los primeros datos a su alcance: la intensidad del sismo, las áreas afectadas, las acciones que ya llevaba a cabo su gobierno y el tiempo que tardarían en evaluar los daños. De manera concertada, el presidente electo Piñera se sumó a los esfuerzos llevados a cabo y al reconocer el trabajo de personas e instituciones involucradas otorgó su aval y compromiso para continuar los trabajos iniciados por el gobierno encabezado por un partido político distinto al suyo. En el otro extremo, lo primero que supo el mundo del presidente Préval fue su preocupación por dónde dormiría esa noche, para pasar luego a una misteriosa ausencia que duró algunos días.

La sismicidad del territorio chileno ha generado el desarrollo de ciencia y técnica a su alrededor. Centros de estudio especializados en la materia reciben recursos públicos y numerosos profesionistas viven de la atención a estos fenómenos. Sus estándares profesionales así como sus éxitos en la materia cuentan con el reconocimiento internacional. En Haití, por otro lado, los múltiples esfuerzos e inversiones multimillonarias tanto de instituciones multinacionales, organizaciones civiles o ricos y famosos en proyectos sociales, educativos o productivos han registrado pocos avances. Es común el desánimo entre quienes de alguna manera han estado vinculados con proyectos en Haití por la poca capacidad de involucramiento que logran de parte de la población y la falta de ejercicio de ciudadanía que prevalece.

Las escenas de haitianas y haitianos arrebatándose los paquetes de ayuda, saqueando lo que encontraran entre los escombros, sin posibilidades de formarse en una fila y esperar su turno refieren a la ausencia de entrenamiento para la cooperación. Mientras, vemos también a través de la televisión escenas de ciudades en Chile con policías controlando los saqueos, autoridades informadas y actuantes, instituciones sólidas con capacidad de respuesta; chilenas y chilenos en otros aeropuertos del mundo buscando alternativas para su regreso, con recursos y habilidades para encontrar soluciones bajo las reglas de la globalización.

¿Qué los hace tan distintos y distantes pues? ¿El tipo de colonización vivido por cada país, la ubicación geográfica, la cultura, la religión, el sistema político? ¿Algo tendrá que ver que la sociedad chilena construyó y trabaja cada día en su propia democracia?

Fuete: Eje Central

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