La eutaxia o buen orden social, como misión del gran político
Por Felicisimo Valbuena
He estudiado bastantes películas- y sigo estudiándolas en mis Críticas bernianas en La Voz Libre- , y con muchas escenas ilustro, en mis clases de la Universidad y Cursos fuera de ella, los diversos aspectos de la Comunicación Política. Invictus es la última que acabo de ver. Trata de Nelson Mandela y de cómo desempeñó la Presidencia de Sudáfrica, después de haber pasado 27 años en la cárcel por oponerse a la política del apartheid, la separación de los blancos y los negros. Dura dos horas y me he preguntado cuál es el elemento esencial de la misma. Pues bien, encuentro que Mandela supo darse cuenta de cuál era su misión, su excelente misión, y supo llevarla a cabo: lograr el buen orden social, la eutaxia, en Sudáfrica. No todos los políticos saben darse cuenta de esta misión. Muchos se dedican a todo lo contrario: a enfrentar a unos contribuyentes-votantes con otros. ¿Resultado? Muchos votantes se conviertan en no-votantes y se apartan de la vida política.
Cómo Mandela hizo realidad su misión
Cuando un político tiene clara su misión, su buena misión, lucha por hacerla realidad, sabiendo que cuenta con un tiempo determinado y que, luego, otros vendrán a continuar lo que ha puesto en marcha. Y al revés, los políticos que no tienen una misión seria, se dedican a perpetuarse en sus cargos. El populismo iberoamericano es una muestra de la poca confianza que quienes ocupan las Presidencias de varios países tienen en quienes van a continuar su misión.
Lo primero que hizo Nelson Mandela fue vencer las resistencias de los blancos a colaborar con los negros en los servicios secretos. Y viceversa. Después, se empeñó en conservar los nombres y emblemas que los blancos empleaban en los deportes, como muestra de que respetaba la libertad de expresión. El guionista Anthony Peckham logra una escena muy brillante mediante la elipsis. Mandela acude a una asamblea donde un grupo de sus partidarios acaban de aprobar por unanimidad una medida contra los blancos. Él se opone. Después, el guionista y el director, Clint Eastwood, cortan al coche, donde Mandela habla con la mujer que es su brazo derecho. Ha ganado la votación por muy pocos votos, pero la ha ganado. Los espectadores deducimos que él domina muy bien el arte de argumentar y persuadir a los grupos, lo cual es esencial es comunicación política.
Después, Mandela concreta su misión en que Sudáfrica se sienta grande. Y está, como diría Baltasar Gracián, “a la caza de la ocasión”. ¿Y cuál es ésta? El Campeonato Mundial de rugby, que va a celebrarse en Sudáfrica. Si las cuatro grandes estrategias de la comunicación política son la reserva, la puesta en escena, la publicación y la publicidad, él sabe organizar muy bien la puesta en escena.
Un gran persuasor
Después de tener muy clara cuál es el concepto de nación que él considera mejor para 42 millones de sudafricanos, quiere difundirlo. Sabe ganarse a la selección sudafricana de rugby, comenzando por el capitán, el no muy expresivo Matt Damon. Enfrente tienen a un periodista deportivo de televisión que no confía en la selección. Para contrarrestar esta visión adversa, Mandela envía a la selección a diversas ciudades, para que motiven a los sudafricanos y para que éstos los motiven también a ellos. Y llega a memorizar las caras y los nombres de los jugadores de la selección. Napoleón utilizaba también esta táctica antes de las batallas, aprendiéndose los nombres y circunstancias familiares de algunos soldados y, después, cuando desfilaba, los iba saludando, creando así el concepto de que el Emperador los conocía a todos. Sí, Mandela dominaba muy bien la puesta en escena, desde el principio hasta el final, es decir, la final de rugby, que gana el equipo de Sudáfrica. Mandela pudo aprender esta táctica de Napoleón, o de Dale Carnegie, quien recomendaba llamar a las personas por su nombre, porque es la palabra que mejor nos suena a todos.
El gran político es el que sabe desclasarse
Ya me he referido a que la reserva es una de las cuatro estrategias fundamentales en comunicación política. Mandela pregunta a los demás por su familia, pero él no habla de la suya. Efectivamente, se había separado de su mujer y no mantenía buenas relaciones con sus hijos, porque no participaban de su misión: odiaban a los blancos. La grandeza de Mandela, que sale al principio de la película y al final, es el perdón como fundamento de la eutaxia o buen orden social que él quería conseguir. Sólo perdonando era libre para hacer planes y programas para todos. Ése es el secreto del gran político en el terreno personal; sólo un político que se desclasa puede conseguir la eutaxia. El fracaso del político es dedicarse a defender los intereses de su clase. Puede conseguir éxitos momentáneos, pero el tiempo acaba por colocarlo en su sitio y los demás se dan cuenta de su cortedad de miras. Mandela fue mucho más que “Madiva”, el nombre con el que le conocían en su tribu. Y logró que el mundo entero respetase su persona y lo que significaba. ¿Cuántos políticos más lograr esa proeza?. Reconozco que me resulta difícil responder esta pregunta.
Sobre el significado de Invictus
He consultado el gran Diccionario Etimológico Latino-Español, de Raimundo de Miguel. Éstos son los significados que ofrece de Invictus, según diversos autores latinos: Invicto, no vencido, indomable, victorioso, inexpugnable, sólido, incorruptible, invulnerable, inquebrantable. Tito Livio habla de Invictus a civibus hostibisque animus: Alma que lo mismo sabe resistir a los ciudadanos que a los enemigos. Y Plinio: Invictus contra ictus: Impenetrable a los golpes.
Es decir, Nelson Mandela. Y no se trata de una hagiografía; la película que comento muestra que podemos aplicar todos estos adjetivos al líder sudafricano.
Fuente: Universo Dircom
Por Felicisimo Valbuena
He estudiado bastantes películas- y sigo estudiándolas en mis Críticas bernianas en La Voz Libre- , y con muchas escenas ilustro, en mis clases de la Universidad y Cursos fuera de ella, los diversos aspectos de la Comunicación Política. Invictus es la última que acabo de ver. Trata de Nelson Mandela y de cómo desempeñó la Presidencia de Sudáfrica, después de haber pasado 27 años en la cárcel por oponerse a la política del apartheid, la separación de los blancos y los negros. Dura dos horas y me he preguntado cuál es el elemento esencial de la misma. Pues bien, encuentro que Mandela supo darse cuenta de cuál era su misión, su excelente misión, y supo llevarla a cabo: lograr el buen orden social, la eutaxia, en Sudáfrica. No todos los políticos saben darse cuenta de esta misión. Muchos se dedican a todo lo contrario: a enfrentar a unos contribuyentes-votantes con otros. ¿Resultado? Muchos votantes se conviertan en no-votantes y se apartan de la vida política.
Cómo Mandela hizo realidad su misión
Cuando un político tiene clara su misión, su buena misión, lucha por hacerla realidad, sabiendo que cuenta con un tiempo determinado y que, luego, otros vendrán a continuar lo que ha puesto en marcha. Y al revés, los políticos que no tienen una misión seria, se dedican a perpetuarse en sus cargos. El populismo iberoamericano es una muestra de la poca confianza que quienes ocupan las Presidencias de varios países tienen en quienes van a continuar su misión.
Lo primero que hizo Nelson Mandela fue vencer las resistencias de los blancos a colaborar con los negros en los servicios secretos. Y viceversa. Después, se empeñó en conservar los nombres y emblemas que los blancos empleaban en los deportes, como muestra de que respetaba la libertad de expresión. El guionista Anthony Peckham logra una escena muy brillante mediante la elipsis. Mandela acude a una asamblea donde un grupo de sus partidarios acaban de aprobar por unanimidad una medida contra los blancos. Él se opone. Después, el guionista y el director, Clint Eastwood, cortan al coche, donde Mandela habla con la mujer que es su brazo derecho. Ha ganado la votación por muy pocos votos, pero la ha ganado. Los espectadores deducimos que él domina muy bien el arte de argumentar y persuadir a los grupos, lo cual es esencial es comunicación política.
Después, Mandela concreta su misión en que Sudáfrica se sienta grande. Y está, como diría Baltasar Gracián, “a la caza de la ocasión”. ¿Y cuál es ésta? El Campeonato Mundial de rugby, que va a celebrarse en Sudáfrica. Si las cuatro grandes estrategias de la comunicación política son la reserva, la puesta en escena, la publicación y la publicidad, él sabe organizar muy bien la puesta en escena.
Un gran persuasor
Después de tener muy clara cuál es el concepto de nación que él considera mejor para 42 millones de sudafricanos, quiere difundirlo. Sabe ganarse a la selección sudafricana de rugby, comenzando por el capitán, el no muy expresivo Matt Damon. Enfrente tienen a un periodista deportivo de televisión que no confía en la selección. Para contrarrestar esta visión adversa, Mandela envía a la selección a diversas ciudades, para que motiven a los sudafricanos y para que éstos los motiven también a ellos. Y llega a memorizar las caras y los nombres de los jugadores de la selección. Napoleón utilizaba también esta táctica antes de las batallas, aprendiéndose los nombres y circunstancias familiares de algunos soldados y, después, cuando desfilaba, los iba saludando, creando así el concepto de que el Emperador los conocía a todos. Sí, Mandela dominaba muy bien la puesta en escena, desde el principio hasta el final, es decir, la final de rugby, que gana el equipo de Sudáfrica. Mandela pudo aprender esta táctica de Napoleón, o de Dale Carnegie, quien recomendaba llamar a las personas por su nombre, porque es la palabra que mejor nos suena a todos.
El gran político es el que sabe desclasarse
Ya me he referido a que la reserva es una de las cuatro estrategias fundamentales en comunicación política. Mandela pregunta a los demás por su familia, pero él no habla de la suya. Efectivamente, se había separado de su mujer y no mantenía buenas relaciones con sus hijos, porque no participaban de su misión: odiaban a los blancos. La grandeza de Mandela, que sale al principio de la película y al final, es el perdón como fundamento de la eutaxia o buen orden social que él quería conseguir. Sólo perdonando era libre para hacer planes y programas para todos. Ése es el secreto del gran político en el terreno personal; sólo un político que se desclasa puede conseguir la eutaxia. El fracaso del político es dedicarse a defender los intereses de su clase. Puede conseguir éxitos momentáneos, pero el tiempo acaba por colocarlo en su sitio y los demás se dan cuenta de su cortedad de miras. Mandela fue mucho más que “Madiva”, el nombre con el que le conocían en su tribu. Y logró que el mundo entero respetase su persona y lo que significaba. ¿Cuántos políticos más lograr esa proeza?. Reconozco que me resulta difícil responder esta pregunta.
Sobre el significado de Invictus
He consultado el gran Diccionario Etimológico Latino-Español, de Raimundo de Miguel. Éstos son los significados que ofrece de Invictus, según diversos autores latinos: Invicto, no vencido, indomable, victorioso, inexpugnable, sólido, incorruptible, invulnerable, inquebrantable. Tito Livio habla de Invictus a civibus hostibisque animus: Alma que lo mismo sabe resistir a los ciudadanos que a los enemigos. Y Plinio: Invictus contra ictus: Impenetrable a los golpes.
Es decir, Nelson Mandela. Y no se trata de una hagiografía; la película que comento muestra que podemos aplicar todos estos adjetivos al líder sudafricano.
Fuente: Universo Dircom
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