España: "No es país para frikis". Una reflexión sobre crisis y comunicación política

Un mago chapucero y friki, una crisis económica galopante y una telespectadora que pregunta sobre las posibilidades de su marido de encontrar trabajo, forman este cóctel esperpéntico en forma de spot, que perfectamente puede formar parte de la escaleta televisiva de cualquier cadena de televisión de nuestro país.

Por Juan Boronat




Pero no, aunque parezca increíble, en España todavía mantenemos la compostura en materia de comunicación ante la debacle económica que nos rodea.

Este indescriptible spot ha visto la luz en Italia, de la mano y la sorna del Partido Democrático. Tal es la situación política y económica en el país de la pizza y el pepperoni que no les ha quedado otro remedio que recurrir al frikismo irónico para tratar de hacer llegar el mensaje a una sociedad totalmente desencantada con su clase política.

Dudo mucho que este tipo de acciones sirvan para algo, puesto que el principal problema del desencanto social es que afecta a toda la clase política casi por igual, que es percibida con total desconfianza por los ciudadanos. Y está claro que, tal y como van las cosas, no por mucho decir lo malo que es un gobernante vas a conseguir que a ti te vean como "el bueno".

Un mago agorero y cutre que se dedica a predecir el futuro -representado por las dos principales caras políticas del país-, pero que no es capaz de prever que el cielo va a caer sobre su cabeza (y que me recuerda a los miedos de los galos en las historias de Asterix y Obelix), no creo que sea el instrumento más adecuado para recuperar la confianza del electorado.

Vivimos unos momentos en los que "cualquier mensaje", tanto positivo como negativo, es visto con recelo por parte de una gran mayoría de los ciudadanos -basta ver las críticas generadas por la megacampaña titulada "esto lo arreglamos entre todos..."-.

Con unas cifras de paro crecientes, con unos datos económicos que apuntan la quiebra y con las economías familiares pendiendo de un hilo (si hay suerte de tener ese hilo), es muy complicado conseguir implicar al público a través de mensajes vacíos, irónicos y pseudo hilarantes... Porque es un hecho evidente que no estamos para risas.

La comunicación política afronta ahora un momento clave para demostrar su verdadera utilidad y su capacidad de "empatizar con la gente". Pero el mensaje debe basarse en un contenido y en unos valores ciertos, sin demagogia barata. Los ciudadanos necesitan recuperar la esperanza y la fe en el sistema, y para ello es fundamental que los mensajes vengan cargados de realidad. No hay cabida para más over promise político.

Los psicólogos afirman que la risa es una válvula de escape inherente al ser humano cuando pasa por una situación traumática (en el tristemente recordado 11 S, los primeros chistes aparecieron apenas una hora después de que cayera la primera torre)... Pero eso no es excusa para que la risa invada el discurso político, que debe asumir su trascendente papel de guía y referencia para la sociedad.

Hoy, la que podemos bautizar como "la estrategia de la mentira" -en la que unos y otros deambulan por discursos ambiguos y faltos de propuestas efectivas- se ha instaurado en los canales de comunicación: discursos que cambian de dirección a cada momento, cortinas de humo que tratan de esconder la realidad, acusaciones disparadas con el único objetivo de desestabilizar al contrario... Una estrategia que nos está llevando a una situación crítica y que está elevando un muro infranqueable para la "buena comunicación" -esa que realmente es necesaria porque motiva a la sociedad e insufla las dosis de optimismo necesarias para empujar en una misma dirección-.

Todo va a cambiar -porque no queda otra si queremos evitar el desastre-, pero la responsabilidad de quienes manejan los hilos de la comunicación política tiene que orientar todo el esfuerzo a transmitir y hacer perceptible ese cambio. Es importante que se de paso a los "mensajes con contenido real" y se abandone la demagogia que invade la "lucha por la poltrona".

Señores, ha llegado el momento de dejar de "decir lo que hacemos" y pasar a "hacer lo que decimos".

Es la hora de asumir nuestra realidad... La de todos.

Fuente: Las Blog en Punto

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