Comunicación honesta

Autenticidad, honestidad y transparencia. Estas fueron las palabras que más resonaron el jueves pasado en el simposio sobre comunicación política que organizó la Escuela de Comunicación del IE en Segovia.

En una dinámica concatenación de mesas redondas de profesionales relacionados con la comunicación política, se trataron muchos temas dispares, pero en todos ellos se rozó el tema de la necesidad de una comunicación más auténtica, más honesta, más transparente.

En la era de la digitalización, donde los ciudadanos pueden contestar rápida y anónimamente a cualquier mensaje planteado por cualquier entidad, la brecha hacia algo que se aproxime más a la verdad se hace cada día más visible, más profunda.

Así, políticos y empresarios buscan nuevas fórmulas que penetren bien en ese escenario fragmentado e imprevisible, mientras periodistas compiten por captar la atención de una audiencia dispersa.

Una audiencia, que, como dijo una de las asistentes, está ya cansada de tanta mentira, de tanto teatro, de tantas contradicciones e incoherencias. Una audiencia capaz de crear sus propios contenidos, buscadora infatigable del meollo de los asuntos, poderosa de anonimato con el que se sirve para destrozar reputaciones e imágenes vacuas.

El político y el periodista

Borja Cabezón, una joven promesa del PSOE, compartió mesa con Carlos E. Cué, corresponsal político de EL PAÍS, Juan Muñoz-Baroja, Director de Comunicación del PP en Guipúzcoa y Alberto de las Fuentes, responsable de comunicación de la ONG, NGO PLAN para hablar del diseño de campañas electorales.

El carisma joven y provocador de Borja y el espíritu sagaz de Carlos pronto se enredaron en una discusión divertida y, ante todo refrescante, sobre el papel que deben jugar los periodistas en el proceso político. "Una de nuestras funciones más importantes es interpelar profesionalmente a los políticos," dijo Carlos, añadiendo que en manos de los periodistas está el ejercicio de control de la autoridad. Borja, alertando previamente a los asistentes de que quería "provocar un poco", rebatió que no compete a los periodistas ejercer ningún control. "Los periodistas están para informar y es al partido de la oposición a quien le corresponde controlar al gobierno correspondiente," dijo con rotundidad. "A mi me hace mucha gracia, porque realmente creo que muchos periodistas lo que de verdad quieren es ser políticos," añadió.

Ello dio pie a una interesante conversación sobre las carencias del periodismo español, caracterizado por la existencia de dos cabeceras protegonistas inclinadas hacia un partido político u otro según afinidades ideológicas. "Es lo que más nos desacredita," reconoció Carlos. Si bien sus frases iniciales dejaron claro el esfuerzo de este periodista en buscar entre bastidores los intereses que realmente se cuecen en las campañas electorales. En referencia a aquella definición de noticia del periodista norteamericano David Brinkley, "News is what you don't tell me, the rest is public relations", Carlos hablaba de cómo en las campañas los directores de comunicación y políticos tratan de ocultar el verdadero núcleo de las cosas "para que no nos enteremos de nada". Aseveración que Juan rebatió de inmediato, asegurando que un buen director de comunicación se caracteriza por contar aquello que se puede contar, por facilitar ese canal de comunicación entre periodista y político y por controlar aquella información que por razones de toda índole no puede abrirse al público.

Un mar de redes

En la siguiente mesa redonda, intervinieron Carlos Salas, periodista freelance, Luis Vicente Muñoz, periodista de Radio Intereconomía y Gumersindo Lafuente, socio fundador de la difunta Soitú y en la actualidad editor de ElPAIS.COM.

Para Sindo la cosa está clara. Internet abre todo tipo de oportunidades a los periodistas y a los no periodistas. Realmente no importa el título ni los estudios, importan los enlaces, la creatividad. "Si quieres trabajar conmigo, no me mandes tu CV porque no me interesa, mándame tus enlaces," le dijo a una estudiante de segundo de comunicación.

En ese mar de redes donde Sindo ve oportunidades, Carlos encuentra el por qué de las cosas. "Yo es que ya no entiendo a los medios convencionales," estalló en un momento determinado. "¿Por qué no explican el porqué de las cosas?" Eso sí, ese porqué lleva su tiempo encontrarlo y el lector tiene ahora que buscarlo y decantarse por aquellas plataformas que mejor satisfagan sus preguntas e inquietudes.

Luis Vicente se concentró más en el peligro de las redes sociales a la hora de facilitar una información personal que puede en cualquier momento descontrolarse, dañando reputaciones e imágenes personales.

Lobby, ese hombre todavía oscuro

Nadie en España sabe definir con exactitud el concepto de Lobby. Una palabra que, según David Córdova, experto en esta materia, comenzó realmente a calar en la opinión pública española hace tres años con connotaciones un tanto negativas. Actualmente, el término ya está más extendido, se reconoce y se comienza a percibir como algo realmente valioso y útil para la consecución de determinados intereses.

La última de las mesas redondas a las que asistí, se centró en esta temática y en ella participaron Christoph Steck, director de Public Policy de Telefónica, Juan Briz, director de comunicación de BNP Paribas, Tomás López, subdirector de Actualidad Económica, y José Pinto, lobbista de British American Tobacco.

"Un ley es como una tortilla que nos tenemos que comer y los lobbistas nos encargamos de representar al que, por ejemplo, es alérgico a los huevos," explicó José graficamente.

Se habló mucho de la necesidad de regular el lobby español de manera similar a como está regulado en los Estados Unidos. Al parecer, el último intento de regulación en nuestro país impulsado por el CDS se remonta a 1993 y fracasó estrepitosamente.

Tomás puso sobre la mesa la desventaja de los grupos menos poderosos y desfavorecidos en las mecánicas de los lobbies y cómo resolver esa desprotección. Cosa que se respondió por si sola con la estupenda presentación de Christoph, donde mostraba cómo Internet está permitiendo amplificar las voces de movimientos sociales en los procesos legislativos y en las iniciativas políticas. Donde antes había silencio por falta de recursos, ahora la red posibilita que miles de personas se agrupen para frenar un iniciativa política o empresarial que consideren perjudicial a sus intereses.

¿Pero qué hace un lobbista en España? ¿Cómo influyen aquí a los legisladores para que moldeen la legislación en un sentido u otro?

"Manejamos argumentos," respondió simple y llanamente José.

A lo que rápidamente Juan añadió, "si bien un poco mal, como suele pasar en este país", comparando a los lobbistas españoles con ciertos grupos de música, que salen al extranjero y notan automáticamente el bajo nivel.

Si, somos todavía chapuzas y estamos en la retaguardia de todos estos fenómenos a diferencia de países como Estados Unidos, Canadá o Inglaterra. Pero comienza a palparse un talento especial, un genio ambicioso con afán de superación. Es gente como la que asistió a este simposio la que está transformando a una sociedad civil joven, dando buen ejemplo a nuestros vecinos de lo que es innovación, ingenio y buena comunicación.

Fuente: Sin Pasaportes

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