Lucio Guberman
En carteleras pagas de la vía pública se ve por estos días un afiche firmado por “Rosarinos por la ciudad”. La pieza critica los aumentos de impuestos y servicios impulsados por el socialismo y apunta al Puerto de la Música como un posible gasto superfluo que recaerá sobre los exhaustos contribuyentes provinciales. Las formas creadas por Niemeyer para el proyectado Puerto aparecen en un tamaño destacado al pie del aviso que concluye: “¿Por qué no se van con la música a otra parte?”.
Las campañas negativas son una práctica cada vez más usual en la comunicación política. Sin embargo, campaña negativa no es lo mismo que campaña sucia. Los límites no son prolijísimos, pero nadie con buena fe puede desconocer que: la campaña negativa se “ensucia” si cae en cuestiones de la vida privada de los involucrados. El foco de crítica de la campaña deben ser dichos o actos de la esfera pública. Otro “índice de suciedad” es el anonimato. Vale la crítica pública firmada: el que critica debe dar la cara. Esta es una condición clave para que la negatividad no caiga en suciedad.
El afiche en cuestión cumple el requisito de enfocarse en actos públicos, pero desbarranca a la categoría “campaña sucia” por su anonimato. Y la caída libre del afichito no se detiene ahí. Sigue la pendiente hasta volverse una auténtica campaña desatinada.
Es un desatino criticar a un gobierno por una obra proyectada que muy pocas personas saben que existe. ¿A qué opositor con pretensiones serias de alternancia se le ocurre darle publicidad en vía pública a esa obra que no es, por ahora, más que una aspiración? Es una campaña diseñada en alguna burbuja.Proviene de un “laboratorio” que no tuvo en cuenta un elemento crucial para la comunicación política: la opinión pública.
Demasiado miedo a que una sola obra “salve” una gestión que está en serias dificultades o publicidad encubierta en un estilo que al socialismo aún no se le conoce…
En cualquier caso, una campaña desatinada.
Fuente: Rosario 3
En carteleras pagas de la vía pública se ve por estos días un afiche firmado por “Rosarinos por la ciudad”. La pieza critica los aumentos de impuestos y servicios impulsados por el socialismo y apunta al Puerto de la Música como un posible gasto superfluo que recaerá sobre los exhaustos contribuyentes provinciales. Las formas creadas por Niemeyer para el proyectado Puerto aparecen en un tamaño destacado al pie del aviso que concluye: “¿Por qué no se van con la música a otra parte?”.
Las campañas negativas son una práctica cada vez más usual en la comunicación política. Sin embargo, campaña negativa no es lo mismo que campaña sucia. Los límites no son prolijísimos, pero nadie con buena fe puede desconocer que: la campaña negativa se “ensucia” si cae en cuestiones de la vida privada de los involucrados. El foco de crítica de la campaña deben ser dichos o actos de la esfera pública. Otro “índice de suciedad” es el anonimato. Vale la crítica pública firmada: el que critica debe dar la cara. Esta es una condición clave para que la negatividad no caiga en suciedad.
El afiche en cuestión cumple el requisito de enfocarse en actos públicos, pero desbarranca a la categoría “campaña sucia” por su anonimato. Y la caída libre del afichito no se detiene ahí. Sigue la pendiente hasta volverse una auténtica campaña desatinada.
Es un desatino criticar a un gobierno por una obra proyectada que muy pocas personas saben que existe. ¿A qué opositor con pretensiones serias de alternancia se le ocurre darle publicidad en vía pública a esa obra que no es, por ahora, más que una aspiración? Es una campaña diseñada en alguna burbuja.Proviene de un “laboratorio” que no tuvo en cuenta un elemento crucial para la comunicación política: la opinión pública.
Demasiado miedo a que una sola obra “salve” una gestión que está en serias dificultades o publicidad encubierta en un estilo que al socialismo aún no se le conoce…
En cualquier caso, una campaña desatinada.
Fuente: Rosario 3
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