Alguien escribió por estos días que el presidente de los Estados Unidos, el afroamericano Barack Obama se equivocó de traje.
Por Patricia Lapegüe
Este año que recién comienza promete una década interesante y con mucho movimiento a nivel internacional.
Por empezar, los ojos están puestos en cómo continuará la historia de Barak Obama, y por lo tanto la de EE.UU. Pronto se va a cumplir un año de su asunción como presidente, y muchos sostienen que en realidad no es más que el producto de la mediatización, fruto de su carisma y el hecho inusual en la historia estadounidense de su ascendencia afroamericana.
El año terminó para Obama con algunos triunfos a nivel interno, pero con bastantes frustraciones en el resto de los temas. Así, podemos nombrar la decepción que quedó como resultante de Copenhague, la justificación de guerras teóricamente justas y necesarias para sostener un premio Nobel que perdió seriedad. La esperanza de cambio que prometía la figura de este nuevo presidente quedó superada por una realidad que exigía un nuevo líder para ese cambio y no un producto del marketing político.
Guerra preventiva
La idea de la guerra preventiva que había impuesto su antecesor, no pudo ser contrarrestada aún. Y los frentes de guerra abiertos por aquella administración siguen funcionando de manera aceitada. El problema es que EEUU fue quién marcó el rumbo político del mundo occidental en los últimos años y por lo pronto lo seguirá haciendo. Y aquí viene el desafío. Si Obama no logra determinar el rumbo que se necesita, difícilmente estos tres años restantes marquen el camino a una reelección. Repitiendo el derrotero de otro premio Nobel de la Paz, también demócrata, Jimmy Carter, que sólo pudo mantener un periodo presidencial de cuatro años.
Digamos que Obama no tuvo un fin de año como hubiese querido. Por un lado está el fallido atentado contra un avión norteamericano en el trayecto Ámsterdam- Detroit donde un nigeriano logró subir con explosivos. Al Qaeda vuelve a decir presente. Y para completar el 2009, el tradicional festejo en Madison Square del último minuto del año, se llevó adelante cual campo de concentración, con francotiradores apostados en los edificios, y con la prohibición de concurrir con mochilas por temor a un posible atentado. La amenaza del terrorismo, lamentablemente se va a transformar este año en la peor pesadilla de este presidente. Los republicanos ejercen su presión exigiéndole a Obama que admita que se trata de una situación de ofensiva terrorista.
La gente está esperando ese cambio que prometió con su blanca sonrisa este presidente. Los últimos hechos y los informes que maneja la CIA sobre posibles incursiones de acólitos de Bin Laden, hacen por lo pronto que Guantánamo lejos de cerrarse, sea acondicionada para albergar mas presos.
Traje equivocado
Alguien escribió por estos días que Obama se equivocó de traje. Está eligiendo el de súper héroe, y lo que la gente quiere es que se calce el de “líder”. Este anhelo supera los límites del ciudadano estadounidense. Hablemos del continente americano en su conjunto. Nadie puede negar que el reflejo de las acciones a seguir sea lo que marque como política EE.UU. Es cierto que Lula está considerado como un nuevo líder.
Pero Brasil es un país que no tiene costumbre histórica de liderazgo regional, mucho menos continental, y además su mandato está terminando y no vemos que se vislumbre otro líder que lo reemplace. Si en este contexto internacional esa situación de liderazgo no es asumida con firmeza por EE.UU. en su condición de potencia, el lugar está dado para que sea ocupado por algún trasnochado e histriónico presidente caribeño que con el tiempo nos obligue a tomar Coca Colla. Si Obama no marca la agenda, va a dar lugar para que ocurra entre otros ítems lo que pretende Morales, que en nombre de los derechos indígenas quiera que, por ejemplo, en Argentina se legalice el uso y consumo de hojas de coca. Eso por ahora, luego será el consumo de la hoja procesada, y por último será de uso obligatorio. Lo que demuestra que ellos también se rigen por las leyes del mercado que tanto reniegan. En Bolivia afirman que como el consumo de este producto aumentó, entonces van a producir más para exportar más. Morales, escudándose en los relegados derechos indigenistas alimentó una confrontación por cierto peligrosa entre la clase media mestiza y blanca.
Si Obama no se pone el traje de líder, veremos dentro de poco un fortalecimiento de la figura de otros mandatarios dispuestos a perpetuarse en el poder avasallando sobre industrias, empresas, propiedad privada, libertad de prensa, y con la obligación de vestir porqué no, vistosas camisas de color rojo. Y no a todos les queda bien ese color.
Ni Mesías ni Salvador
Lógicamente, esto no intenta traducir a Obama como el Mesías ni el salvador de América. Simplemente EE.UU. es la potencia más sólida, aún en estos momentos, en el continente. El líder que se está reclamando debe tener también en cuenta los condimentos de moderación y sentido plural. Y está a las claras que ni Chávez, ni Morales, mucho menos el hermano Castro, están en condiciones de poseer estas cualidades. Fieles exponentes de la satanización del capitalismo llevan adelante una política en desmedro de la propia libertad que pregonan.
Se le reclamó a Obama un cambio en la forma de hacer política que llevaba su país con Bush, pero hasta el momento no supo decir cual es esa nueva política.
Este será el año que marque el futuro de Obama. El del país del norte deberá revertir la imagen de inconsistencia que rodea su gestión. Es simple, y para utilizar la metáfora del traje: Sólo tiene que abrir el vestidor y elegir entre seguir con el traje de súper-héroe, o probarse el de líder. Para que no tengamos que usar camisas coloradas. Marca Alo presidente!.
Fuente: El Siglo
Por Patricia Lapegüe
Este año que recién comienza promete una década interesante y con mucho movimiento a nivel internacional.
Por empezar, los ojos están puestos en cómo continuará la historia de Barak Obama, y por lo tanto la de EE.UU. Pronto se va a cumplir un año de su asunción como presidente, y muchos sostienen que en realidad no es más que el producto de la mediatización, fruto de su carisma y el hecho inusual en la historia estadounidense de su ascendencia afroamericana.
El año terminó para Obama con algunos triunfos a nivel interno, pero con bastantes frustraciones en el resto de los temas. Así, podemos nombrar la decepción que quedó como resultante de Copenhague, la justificación de guerras teóricamente justas y necesarias para sostener un premio Nobel que perdió seriedad. La esperanza de cambio que prometía la figura de este nuevo presidente quedó superada por una realidad que exigía un nuevo líder para ese cambio y no un producto del marketing político.
Guerra preventiva
La idea de la guerra preventiva que había impuesto su antecesor, no pudo ser contrarrestada aún. Y los frentes de guerra abiertos por aquella administración siguen funcionando de manera aceitada. El problema es que EEUU fue quién marcó el rumbo político del mundo occidental en los últimos años y por lo pronto lo seguirá haciendo. Y aquí viene el desafío. Si Obama no logra determinar el rumbo que se necesita, difícilmente estos tres años restantes marquen el camino a una reelección. Repitiendo el derrotero de otro premio Nobel de la Paz, también demócrata, Jimmy Carter, que sólo pudo mantener un periodo presidencial de cuatro años.
Digamos que Obama no tuvo un fin de año como hubiese querido. Por un lado está el fallido atentado contra un avión norteamericano en el trayecto Ámsterdam- Detroit donde un nigeriano logró subir con explosivos. Al Qaeda vuelve a decir presente. Y para completar el 2009, el tradicional festejo en Madison Square del último minuto del año, se llevó adelante cual campo de concentración, con francotiradores apostados en los edificios, y con la prohibición de concurrir con mochilas por temor a un posible atentado. La amenaza del terrorismo, lamentablemente se va a transformar este año en la peor pesadilla de este presidente. Los republicanos ejercen su presión exigiéndole a Obama que admita que se trata de una situación de ofensiva terrorista.
La gente está esperando ese cambio que prometió con su blanca sonrisa este presidente. Los últimos hechos y los informes que maneja la CIA sobre posibles incursiones de acólitos de Bin Laden, hacen por lo pronto que Guantánamo lejos de cerrarse, sea acondicionada para albergar mas presos.
Traje equivocado
Alguien escribió por estos días que Obama se equivocó de traje. Está eligiendo el de súper héroe, y lo que la gente quiere es que se calce el de “líder”. Este anhelo supera los límites del ciudadano estadounidense. Hablemos del continente americano en su conjunto. Nadie puede negar que el reflejo de las acciones a seguir sea lo que marque como política EE.UU. Es cierto que Lula está considerado como un nuevo líder.
Pero Brasil es un país que no tiene costumbre histórica de liderazgo regional, mucho menos continental, y además su mandato está terminando y no vemos que se vislumbre otro líder que lo reemplace. Si en este contexto internacional esa situación de liderazgo no es asumida con firmeza por EE.UU. en su condición de potencia, el lugar está dado para que sea ocupado por algún trasnochado e histriónico presidente caribeño que con el tiempo nos obligue a tomar Coca Colla. Si Obama no marca la agenda, va a dar lugar para que ocurra entre otros ítems lo que pretende Morales, que en nombre de los derechos indígenas quiera que, por ejemplo, en Argentina se legalice el uso y consumo de hojas de coca. Eso por ahora, luego será el consumo de la hoja procesada, y por último será de uso obligatorio. Lo que demuestra que ellos también se rigen por las leyes del mercado que tanto reniegan. En Bolivia afirman que como el consumo de este producto aumentó, entonces van a producir más para exportar más. Morales, escudándose en los relegados derechos indigenistas alimentó una confrontación por cierto peligrosa entre la clase media mestiza y blanca.
Si Obama no se pone el traje de líder, veremos dentro de poco un fortalecimiento de la figura de otros mandatarios dispuestos a perpetuarse en el poder avasallando sobre industrias, empresas, propiedad privada, libertad de prensa, y con la obligación de vestir porqué no, vistosas camisas de color rojo. Y no a todos les queda bien ese color.
Ni Mesías ni Salvador
Lógicamente, esto no intenta traducir a Obama como el Mesías ni el salvador de América. Simplemente EE.UU. es la potencia más sólida, aún en estos momentos, en el continente. El líder que se está reclamando debe tener también en cuenta los condimentos de moderación y sentido plural. Y está a las claras que ni Chávez, ni Morales, mucho menos el hermano Castro, están en condiciones de poseer estas cualidades. Fieles exponentes de la satanización del capitalismo llevan adelante una política en desmedro de la propia libertad que pregonan.
Se le reclamó a Obama un cambio en la forma de hacer política que llevaba su país con Bush, pero hasta el momento no supo decir cual es esa nueva política.
Este será el año que marque el futuro de Obama. El del país del norte deberá revertir la imagen de inconsistencia que rodea su gestión. Es simple, y para utilizar la metáfora del traje: Sólo tiene que abrir el vestidor y elegir entre seguir con el traje de súper-héroe, o probarse el de líder. Para que no tengamos que usar camisas coloradas. Marca Alo presidente!.
Fuente: El Siglo
Publicar un comentario en la entrada