Por Mario Campos
Haití pasará a la historia como el país que vivió una de las grandes tragedias de la humanidad producto de la naturaleza y de la pobre capacidad de su Estado para dar una respuesta. Pero Haití también significa muchas otras cosas, entre ellas, un caso de análisis sobre el impacto de una crisis en materia de comunicación. Y es en ese sentido que va el post de este día, pensando en darle a los queridos lectores de este blog algunas herramientas para entender mejor el campo de batalla que son los medios de comunicación.
Y lo primero que hay que reconocer es que por si alguien lo dudaba, este sismo confirma que el mundo es uno solo y cada vez es más pequeño, de tal forma que lo que pasa en Haití también pasa en Estados Unidos y en Venezuela, en Europa y en México. Lo que implica que las agendas de todos son sacudidas y pretender que nada ha pasado sería un grave error.
Por que la agenda de los actores políticos podrían seguir siendo las mismas, al fin y al cabo sus intereses no fueron directamente afectados. Pero sin duda hay un cambio, y es en la percepción de los públicos con los que tienen que interactuar. Dicho de otro modo: la agenda de la opinión pública es distinta, sus prioridades son modificadas de golpe y con ello sus expectativas sobre lo que deben hacer los actores de poder a su alrededor.
Y el modelo aplica en todas sus escalas, empezando por la planetaria. De tal forma que los ojos del mundo voltean hacia el más influyente: Estados Unidos, que como pocas veces tiene la obligación y la oportunidad de refrendar su papel como la gran potencia mundial. Y aunque un poco lento, así lo ha entendido su presidente, Barack Obama, que ha encontrado en Haití la oportunidad de desquitar su rol como premio Nobel de la Paz. De Obama y su discurso no puede esperar otra cosa. Y si actuara en forma distinta tendría un costo que pagar.
Mismo fenómeno que enfrenta uno de los hombres más ricos del mundo, Carlos Slim, quien también entendió que hacerse a un lado no sólo implicaría un gesto inmoral sino un fallo en su estrategia de comunicación. El dinero implica poder y éste conlleva responsabilidad.
Pasa en el plano de la economía y en el de la política nacional. Como también lo entendió Felipe Calderón. Una inundación habría provocado una respuesta, también un huracán pero nada como un sismo con lo que eso significa en términos emocionales para México. Por eso las alusiones a 1985 era obligado, por eso la referencia que se viven tiempos de unidad nacional. Porque hay una experiencia que marca al país y quien la ignora corre el riesgo de equivocarse.
De ahí que la semana pasada fuera de tregua política. Porque el ánimo del momento hace imprudente cuestionar o golpear al Presidente, no cuando se revive simbólicamente un trauma nacional.
Incluso algunos gobernantes, como Marcelo Ebrard, supieron leer el momento. De inmediato abrieron centros de acopio. Supo hacerse presente pero sin que pudiera ser acusado de oportunista.
Otros de plano no supieron ni cómo reaccionar y al paso de los días habrá quien destaque su falta de sensibilidad, su falta de reflejos políticos.
Las crisis siempre tienen dos caras: la del fenómeno en sí - en este caso visible en los millones de personas que requieren nuestra ayuda, sobre todo esta semana en que probablemente llegue menos ayuda - y en su dinámica de comunicación.
Como ciudadanos críticos tenemos que ser capaces de hacer lo que esté en nuestras manos para paliar la primera, al tiempo que tengamos una mente atenta para entender los movimientos de su segunda manifestación, la que se desprende de las estrategias de comunicación.
Fuente: El Universal
Haití pasará a la historia como el país que vivió una de las grandes tragedias de la humanidad producto de la naturaleza y de la pobre capacidad de su Estado para dar una respuesta. Pero Haití también significa muchas otras cosas, entre ellas, un caso de análisis sobre el impacto de una crisis en materia de comunicación. Y es en ese sentido que va el post de este día, pensando en darle a los queridos lectores de este blog algunas herramientas para entender mejor el campo de batalla que son los medios de comunicación.
Y lo primero que hay que reconocer es que por si alguien lo dudaba, este sismo confirma que el mundo es uno solo y cada vez es más pequeño, de tal forma que lo que pasa en Haití también pasa en Estados Unidos y en Venezuela, en Europa y en México. Lo que implica que las agendas de todos son sacudidas y pretender que nada ha pasado sería un grave error.
Por que la agenda de los actores políticos podrían seguir siendo las mismas, al fin y al cabo sus intereses no fueron directamente afectados. Pero sin duda hay un cambio, y es en la percepción de los públicos con los que tienen que interactuar. Dicho de otro modo: la agenda de la opinión pública es distinta, sus prioridades son modificadas de golpe y con ello sus expectativas sobre lo que deben hacer los actores de poder a su alrededor.
Y el modelo aplica en todas sus escalas, empezando por la planetaria. De tal forma que los ojos del mundo voltean hacia el más influyente: Estados Unidos, que como pocas veces tiene la obligación y la oportunidad de refrendar su papel como la gran potencia mundial. Y aunque un poco lento, así lo ha entendido su presidente, Barack Obama, que ha encontrado en Haití la oportunidad de desquitar su rol como premio Nobel de la Paz. De Obama y su discurso no puede esperar otra cosa. Y si actuara en forma distinta tendría un costo que pagar.
Mismo fenómeno que enfrenta uno de los hombres más ricos del mundo, Carlos Slim, quien también entendió que hacerse a un lado no sólo implicaría un gesto inmoral sino un fallo en su estrategia de comunicación. El dinero implica poder y éste conlleva responsabilidad.
Pasa en el plano de la economía y en el de la política nacional. Como también lo entendió Felipe Calderón. Una inundación habría provocado una respuesta, también un huracán pero nada como un sismo con lo que eso significa en términos emocionales para México. Por eso las alusiones a 1985 era obligado, por eso la referencia que se viven tiempos de unidad nacional. Porque hay una experiencia que marca al país y quien la ignora corre el riesgo de equivocarse.
De ahí que la semana pasada fuera de tregua política. Porque el ánimo del momento hace imprudente cuestionar o golpear al Presidente, no cuando se revive simbólicamente un trauma nacional.
Incluso algunos gobernantes, como Marcelo Ebrard, supieron leer el momento. De inmediato abrieron centros de acopio. Supo hacerse presente pero sin que pudiera ser acusado de oportunista.
Otros de plano no supieron ni cómo reaccionar y al paso de los días habrá quien destaque su falta de sensibilidad, su falta de reflejos políticos.
Las crisis siempre tienen dos caras: la del fenómeno en sí - en este caso visible en los millones de personas que requieren nuestra ayuda, sobre todo esta semana en que probablemente llegue menos ayuda - y en su dinámica de comunicación.
Como ciudadanos críticos tenemos que ser capaces de hacer lo que esté en nuestras manos para paliar la primera, al tiempo que tengamos una mente atenta para entender los movimientos de su segunda manifestación, la que se desprende de las estrategias de comunicación.
Fuente: El Universal
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