Por Carlos Salazar Vargas
Además de herramienta gerencial, política y electoral, el Politing, también debe ser entendido como aquel enfoque que reivindica al elector, que se ocupa prioritariamente de él y que conociéndolo, intenta satisfacer -en primer lugar- sus necesidades, posteriormente, sus deseos y por último, sus gustos, en ese estricto orden. De ahí que hay quienes lo consideran como un administrador respetuoso de la demanda electoral, en el sentido de que aconseja un orden lógico de proceder, cuya trasgresión puede traer complicaciones graves y aún repercusiones éticas.
Las necesidades, son un estado de carencia y mediante la comunicación, se hacen conocer. Dentro de ellas, las más importantes son las necesidades básicas que se pueden contar con solo algunos pocos dedos de una mano. Las segundas, corresponden a los deseos, que son las formas que adoptan las necesidades humanas, moldeadas por la cultura y la personalidad individuales. Así, un elector puede tener la misma necesidad, pero la puede expresar por medio de diferentes deseos, de acuerdo con su cultura, circunstancias y entorno. En tercer lugar, los gustos, hacen referencia a preferencias con respecto a las diferentes ofertas políticas.
Y es que si un candidato propone como parte de su programa político, satisfacer primero los gustos, antes que los deseos, o estos, antes que las necesidades, corre el riesgo de no estar cumpliendo con su deber y puede hasta faltar a la ética.
Las necesidades básicas de todo ser humano son las de alimentarse, dormir y vivir en comunidad. Sin embargo, es posible que un elector -antes de percatarse de tener las necesidades básicas satisfechas- prefiera votar por el candidato que le prometa algún deseo, por ejemplo, tener energía eléctrica, que aunque indudablemente es bien importante, no es tan fundamental. Es posible que algún despistado elector, carente, por ejemplo de agua potable o de alimento, prefiera votar por aquel que le propone satisfacer ya no sus necesidades básicas o sus deseos, sino sus gustos ofreciéndole, por ejemplo, un televisor y no uno cualquiera, sino uno a color.
Es entonces, responsabilidad del político, ser luz que ilumine el camino, servir de guía a sus electores, mostrarles la senda apropiada, indicarles la vía correcta, la alternativa más viable, conveniente y útil para ellos, de acuerdo con sus características particulares.
Algo fundamental, que bien vale la pena tener presente, es que las necesidades no se crean, se detectan, se descubren y en Politing, es aconsejable, anticiparse a ellas. Consecuentemente, si bien es cierto que son solo tres las necesidades básicas de toda persona, los deseos son casi ilimitados y con el tiempo -a pesar de que las necesidades no se han aumentado- si se han proliferado y hasta diversificado las formas de satisfacerlas.
De ahí que hacer Politing en un país de los llamados del primer mundo, sea diametralmente diferente a realizarlo en uno del tercero, donde las necesidades básicas están aún insatisfechas, o si se practica donde están -como decía un eufórico político de vereda- “apenas en vías de subdesarrollo”.
Ofrecer algo secundario, perjudicial o no ético, es tanto como pretender obtener votos tendiendo una cortina de humo a lo realmente fundamental e importante.
Tampoco puede ser excusa válida aducir facilidad, imposibilidad o falta de conocimiento, para diferenciar lo prioritario de lo urgente, lo necesario de lo superfluo. Porque abusar de la credibilidad y buena fe de la gente, no puede ser plataforma válida para intentar conseguir votos.
Y es que bien sabemos que se puede engañar a algunos durante toda la vida, o a todos durante un corto tiempo, pero nunca a todos, toda la vida. De ahí la gran responsabilidad de que sean los mismos líderes de opinión quienes fomenten, resalten y elogien aquellas propuestas que guarden y respeten los valores éticos, las costumbres sanas y el orden propuesto y critiquen, acusen y mal califiquen aquellas que no lo hacen. Ya pasó la época cuando incautamente se intercambiaba el voto por ilusorios espejos o brillantes bagatelas, que deslumbraban a algunos cuantos y embobaban a muchos otros.
El Politing, propone entonces, la profesionalización de la política. Que surjan solo los mejores políticos, aquellos que ejercen su función, siguiendo la orden lógica sugerida por su electorado, basados en sus convicciones éticas bien arraigadas, lo que les permite, a su vez, asumir con mayor responsabilidad su función de intermediación entre sus electores y las diferentes instancias gubernamentales.
El Politing pregona entonces, que el político debe ser ese “correveidile”, paño de lagrimas o cordón umbilical que necesita todo ciudadano, principalmente los más necesitados, aquellos que su voz no se escucha y que para ser oídos recurren confiados a su representante político, para que los oiga, como delegatario que es de su poder.
Porque a pesar de los defectos de la democracia, hay que creer en ella, cualificarla, purificarla, fortalecerla y defenderla, evitando así, que el remedio que se propone para mejorarla, sea peor que los tantos males que ahora la aquejan.
Fuente: Poblanerías
Además de herramienta gerencial, política y electoral, el Politing, también debe ser entendido como aquel enfoque que reivindica al elector, que se ocupa prioritariamente de él y que conociéndolo, intenta satisfacer -en primer lugar- sus necesidades, posteriormente, sus deseos y por último, sus gustos, en ese estricto orden. De ahí que hay quienes lo consideran como un administrador respetuoso de la demanda electoral, en el sentido de que aconseja un orden lógico de proceder, cuya trasgresión puede traer complicaciones graves y aún repercusiones éticas.
Las necesidades, son un estado de carencia y mediante la comunicación, se hacen conocer. Dentro de ellas, las más importantes son las necesidades básicas que se pueden contar con solo algunos pocos dedos de una mano. Las segundas, corresponden a los deseos, que son las formas que adoptan las necesidades humanas, moldeadas por la cultura y la personalidad individuales. Así, un elector puede tener la misma necesidad, pero la puede expresar por medio de diferentes deseos, de acuerdo con su cultura, circunstancias y entorno. En tercer lugar, los gustos, hacen referencia a preferencias con respecto a las diferentes ofertas políticas.
Y es que si un candidato propone como parte de su programa político, satisfacer primero los gustos, antes que los deseos, o estos, antes que las necesidades, corre el riesgo de no estar cumpliendo con su deber y puede hasta faltar a la ética.
Las necesidades básicas de todo ser humano son las de alimentarse, dormir y vivir en comunidad. Sin embargo, es posible que un elector -antes de percatarse de tener las necesidades básicas satisfechas- prefiera votar por el candidato que le prometa algún deseo, por ejemplo, tener energía eléctrica, que aunque indudablemente es bien importante, no es tan fundamental. Es posible que algún despistado elector, carente, por ejemplo de agua potable o de alimento, prefiera votar por aquel que le propone satisfacer ya no sus necesidades básicas o sus deseos, sino sus gustos ofreciéndole, por ejemplo, un televisor y no uno cualquiera, sino uno a color.
Es entonces, responsabilidad del político, ser luz que ilumine el camino, servir de guía a sus electores, mostrarles la senda apropiada, indicarles la vía correcta, la alternativa más viable, conveniente y útil para ellos, de acuerdo con sus características particulares.
Algo fundamental, que bien vale la pena tener presente, es que las necesidades no se crean, se detectan, se descubren y en Politing, es aconsejable, anticiparse a ellas. Consecuentemente, si bien es cierto que son solo tres las necesidades básicas de toda persona, los deseos son casi ilimitados y con el tiempo -a pesar de que las necesidades no se han aumentado- si se han proliferado y hasta diversificado las formas de satisfacerlas.
De ahí que hacer Politing en un país de los llamados del primer mundo, sea diametralmente diferente a realizarlo en uno del tercero, donde las necesidades básicas están aún insatisfechas, o si se practica donde están -como decía un eufórico político de vereda- “apenas en vías de subdesarrollo”.
Ofrecer algo secundario, perjudicial o no ético, es tanto como pretender obtener votos tendiendo una cortina de humo a lo realmente fundamental e importante.
Tampoco puede ser excusa válida aducir facilidad, imposibilidad o falta de conocimiento, para diferenciar lo prioritario de lo urgente, lo necesario de lo superfluo. Porque abusar de la credibilidad y buena fe de la gente, no puede ser plataforma válida para intentar conseguir votos.
Y es que bien sabemos que se puede engañar a algunos durante toda la vida, o a todos durante un corto tiempo, pero nunca a todos, toda la vida. De ahí la gran responsabilidad de que sean los mismos líderes de opinión quienes fomenten, resalten y elogien aquellas propuestas que guarden y respeten los valores éticos, las costumbres sanas y el orden propuesto y critiquen, acusen y mal califiquen aquellas que no lo hacen. Ya pasó la época cuando incautamente se intercambiaba el voto por ilusorios espejos o brillantes bagatelas, que deslumbraban a algunos cuantos y embobaban a muchos otros.
El Politing, propone entonces, la profesionalización de la política. Que surjan solo los mejores políticos, aquellos que ejercen su función, siguiendo la orden lógica sugerida por su electorado, basados en sus convicciones éticas bien arraigadas, lo que les permite, a su vez, asumir con mayor responsabilidad su función de intermediación entre sus electores y las diferentes instancias gubernamentales.
El Politing pregona entonces, que el político debe ser ese “correveidile”, paño de lagrimas o cordón umbilical que necesita todo ciudadano, principalmente los más necesitados, aquellos que su voz no se escucha y que para ser oídos recurren confiados a su representante político, para que los oiga, como delegatario que es de su poder.
Porque a pesar de los defectos de la democracia, hay que creer en ella, cualificarla, purificarla, fortalecerla y defenderla, evitando así, que el remedio que se propone para mejorarla, sea peor que los tantos males que ahora la aquejan.
Fuente: Poblanerías
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