El dilema chavista de Uribe

El próximo presidente colombiano deberá continuar las líneas del proyecto uribista

Por Roberto Giusti

pocos meses de las elecciones presidenciales de mayo los colombianos asisten al debate político con una certeza y una duda que no termina de aclararse. Esta última está referida a que el presidente Uribe insista en una segunda reelección, pero el tiempo parece conspirar contra esa posibilidad porque luego de un pronunciamiento de la Corte Constitucional, que en caso de ser positivo le daría luz verde a un tercer mandato, debe celebrarse un referéndum en el cual los votantes se pronuncien sobre la pertinencia o no de esa aspiración.

Hasta ahora Uribe se ha refugiado en una frase ("la encrucijada en el alma") para sostener la ambigüedad de sus ambicione, no perder gobernabilidad en caso de declinar y ganar tiempo ante un país que, en principio, le daría el "sí" no obstante la resistencia a un eventual tercer mandato existente, incluso, entre sus propios seguidores, algunos de los cuales señalan como "triste" que una figura de la talla del antioqueño sea comparada con un "neo populista autoritario como Hugo Chávez".

Esa incertidumbre que ya se hace casi angustiosa ha determinado una curiosa campaña electoral donde los más fuertes precandidatos, los uribistas (Nohemí Sanin, Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras), trabajan para fortalecer sus opciones, pero sujetos a la decisión uribista, que en caso de ser afirmativa los pondría "una encrucijada en el alma" a ellos mismos, aunque uno que otro puede atreverse a competir con el jefe. Lo mismo ocurre con los precandidatos no uribistas, cuya estrategia y conformación de alianzas dependen de si Uribe es o no candidato presidente. De manera que la campaña está envuelta en todo tipo de subterfugios, alusiones veladas y ofertas inciertas provocadas por el suspenso en el cual la conserva el presidente.

Pero en medio de la incertidumbre hay una certeza: cualquiera que sea el próximo presidente colombiano (incluso de oposición) se verá obligado, con mayor o menor determinación, a mantener y profundizar la política de seguridad democrática de Uribe. Es decir, prolongar el combate a unas FARC (ahora aliadas al ELN) que si bien ya están derrotadas en su objetivo de liquidar la democracia colombiana, aún mantienen suficiente capacidad operativa y poder de fuego. Y eso implica afrontar el tema no resuelto de las relaciones con el Gobierno de Hugo Chávez, cuyo apoyo a la guerrilla conlleva compromisos como el de combatir al lado de las tropas venezolanas en caso de una confrontación bélica.

Eso lo saben todos los candidato, incluso aquellos como Gustavo Petro, del Polo Democrático, o Rafael Pardo del Partido Liberal, quienes no obstante mantener sus aspiraciones, sea quien fuere el candidato uribista, están consciente de que toda victoria electoral pasa por la continuación de las línea política fundamental trazada y desarrollada por Uribe.

Fuente: El Universal

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