Costa Rica

Costa Rica está inmersa en una campaña presidencial en la que los principales candidatos, desde la oposición enarbolan el asta del cambio imitando los buenos resultados obtenidos por Barack Obama en Estados Unidos. No obstante, las diferencias son palpables. El ahora presidente es un orador talentoso, capaz de inspirar a los interlocutores con criterios definidos, quien a pesar de la inexperiencia ha comprendido los desafíos que enfrenta la gran potencia, sin dejar de lado el papel que jugaron los diseñadores de campaña en su triunfo, verdaderos profesionales especializados en el marketing electoral.

Centroamérica, en general, se resiste al cambio. Los aspirantes a mandatarios prometen, juran y perjuran, y todo continúa igual. Los diferentes partidos halan cada cual para su lado una pata del perro provocando que ladre y se revuelque, pero imposibilitando que se mueva, excepto cuando las fuerzas se desbalancean. En Guatemala y El Salvador el giro de derecha a izquierda ha sido un matiz sin importancia; la violencia, la corrupción y la mafia están tan arraigadas que eliminarlas es posible en una película de ficción. Los inversionistas se alejan de los lugares peligrosos sin mano de obra calificada. En Nicaragua regresó el viejo dictador guerrillero, quien es más ladrón que Somoza, como su padre político, Fidel Castro, ha sido el peor castigo que ha enfrentado Cuba en los últimos cien años.

Honduras se reveló contra un descarado que intentaba perpetuarse en el poder, aunque resistió la conjura internacional que intentaba reponer al títere de Chávez, el pueblo fue el más afectado. Estos cuatro países necesitan de la ayuda internacional y de las remezas, por sí solos no generarán empleo ni desarrollo, sus habitantes están un escalón por debajo de la media latinoamericana por la influencia mayoritaria de las raíces aborígenes que los conforman; cuando en Europa manejaban el arcabuz, ellos disfrutaban de la vida sedentaria, subsistiendo gracias a la naturaleza prolífica. Los españoles que los colonizaron eran agricultores de pocas luces, la mezcla resultante fue fácilmente engañada por el dictador cubano, y hoy se disputan con varias naciones de otros continentes los primeros lugares de las estadísticas que describen a los que inspiran lástima y repulsión, casi siempre los más violentos, es más fácil matar, cualquiera puede hacerlo sin haber recibido instrucción, por instinto, es un acto simple. En cambio, para curar es necesario arduo sacrificio.

Costa Rica, por su parte, es menos pobre, quizás, porque la guerra no invadió su territorio, pero comparte la inclinación hacia el tradicionalismo y el estancamiento propios de la mentalidad rural. La gente parece amarrada al pasado, y el presente no es aquel. En este país hay múltiples posibilidades de superación; educación gratuita, becas y préstamos onerosos para acceder a la universidad, solamente es necesaria la consagración, a la que están dispuestos los jóvenes cubanos. Lo que los comunistas vendían como su mayor logro se ofrece en muchos lugares con mejor calidad. Los jóvenes de acá son hereditarios del facilismo; no les gustan las ciencias, la clave de los altos ingresos y, como desean nadar en la abundancia sin sudar, consumen noticieros baratos que enaltecen los crímenes, y terminan delinquiendo o abrazando el populismo que les quita lo poco que tenían. Los pueblos sin visión paren dirigentes que buscan en el poder satisfacciones sectarias, dentro de los círculos políticos por rutina familiar, por disponer de dinero o por títeres limosneros. Las promesas de campaña son inviables porque la parafernalia burocrática es más fuerte que la devoción por Jesucristo. Y votar por el partido en el gobierno para varios periodos es otro desacierto, el PRI de México es el ejemplo concreto. Lo mejor es esperar a que la tortuga se tome su tiempo y no mirar hacia Bolivia, Ecuador o Venezuela; Chile y Brasil son las metas, están muy lejos del ideal, pero del lobo un pelo.


Fuente: Reflexiones Pensadas

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