Como dijo en su día José Saramago en una entrevista para Monde Diplomatique, la derecha no necesita de las ideas. Efectivamente, su razón de ser es la existencia de mayorías que se imponen a minorías, grandes que someten a los pequeños, ricos que ningunean a pobres; las fuerzas conservadoras y reaccionarias simplemente tienen que limitarse a mantener el statu quo. Las fuerzas transformadoras, progresistas o de izquierda, como se las quiera llamar, tienen una labor muy ardua por delante: identificar las injusticias -quién o quiénes las cometen, en qué situaciones y contexto se producen- denunciarlas y, finalmente, proponer alternativas para acabar con dichas injusticias y avanzar.
Esta motivación es lo que tiende a hacer a la izquierda grande, noble, o superior moral y éticamente, que es por lo que en realidad le llevan los demonios a conservadores y reaccionarios. Y, si hay algo que todavía irrite más al inmovilismo, es el pragmatismo combinado con esos altos ideales, el hecho de tener los pies en la tierra sin renunciar a ni uno solo de ellos. Por eso, no es de extrañar que parte de la opinión pública simpatizante de la derecha tienda a hacer aspavientos y poner los ojos en blanco para clamar contra un PSOE que dejó, según ellos de ser de izquierdas hace mucho tiempo. Que sea la derecha quien lo diga, sinceramente, invita a la carcajada No sé si con eso quieren decir que hemos perdido nobleza o, más bien, el candor y la ingenuidad.
¿Qué es lo que irrita a una derecha tan unida como la que concurre en España a la arena política? La organización, el pragmatismo y la efectividad de la izquierda, quizá porque, en verdad, sean éstas las características que mantienen a la derecha a flote. Parece que la derecha se regodea en nuestras virtudes -por lo menos lo que yo escucho a conocidos y a pie de calle- y se regocijan cuando en la formación progresista que les puede hacer frente más directamente -el PSOE- aparece la crítica, la discusión política interna o, incluso, el disenso en uno o varios puntos determinados. Saben que el espíritu crítico, si se lleva a sus últimas consecuencias, a un punto en el que en favor de éste se sacrifica la amplitud de miras, es para ellas y ellos una enorme botella de oxígeno.
En un mundo de hegemonía absoluta de la comunicación audiovisual, en un modelo productivo donde el tiempo es dinero y, por ello, siempre parece que falta, es preciso plantearse otros modelos de comunicación política. Ya no se puede hablar de ”pedagogía” en su acepción más ortodoxa para explicar una postura concreta. No podemos redactar artículos dignos de sesuda revista especializada -por lo menos en cuanto a su longitud- y pretender que sean entendidos por el gran público cuyas circunstancias personales tienden a verse condicionadas por los criterios señalados más arriba. Es preciso volver a recuperar la cultura de la propaganda, de la prioridad por hacer llegar el mensaje aunque no sea de la forma más ortodoxas y con todas las palabras. Con la cantinela de la “muerte de la ideologías” la propaganda ha adquirido un sentido negativo y evoca para un gran número de personas manipulación, engaño y maquiavelismo, en cuanto que se exaltan los medios independientemente de los fines.
Opino que los fines de la izquierda, como se puede observar en la polémica sobre la negativa a empadronar inmigrantes en situación irregular, son suficientemente nobles; sabemos que llevamos razón. Ahora sólo falta concentrarnos en los medios para desmontar en dos líneas y con un par de teletipos en las agencias de noticias la apelación a las vísceras y a los instintos gregarios más básicos de la especie humana con el “aquí no cabemos todos”. Deberíamos empezar a practicar…y yo a aplicarme el cuento en este blog.
Fuente: Adelantamiento por la Izquierda
Esta motivación es lo que tiende a hacer a la izquierda grande, noble, o superior moral y éticamente, que es por lo que en realidad le llevan los demonios a conservadores y reaccionarios. Y, si hay algo que todavía irrite más al inmovilismo, es el pragmatismo combinado con esos altos ideales, el hecho de tener los pies en la tierra sin renunciar a ni uno solo de ellos. Por eso, no es de extrañar que parte de la opinión pública simpatizante de la derecha tienda a hacer aspavientos y poner los ojos en blanco para clamar contra un PSOE que dejó, según ellos de ser de izquierdas hace mucho tiempo. Que sea la derecha quien lo diga, sinceramente, invita a la carcajada No sé si con eso quieren decir que hemos perdido nobleza o, más bien, el candor y la ingenuidad.
¿Qué es lo que irrita a una derecha tan unida como la que concurre en España a la arena política? La organización, el pragmatismo y la efectividad de la izquierda, quizá porque, en verdad, sean éstas las características que mantienen a la derecha a flote. Parece que la derecha se regodea en nuestras virtudes -por lo menos lo que yo escucho a conocidos y a pie de calle- y se regocijan cuando en la formación progresista que les puede hacer frente más directamente -el PSOE- aparece la crítica, la discusión política interna o, incluso, el disenso en uno o varios puntos determinados. Saben que el espíritu crítico, si se lleva a sus últimas consecuencias, a un punto en el que en favor de éste se sacrifica la amplitud de miras, es para ellas y ellos una enorme botella de oxígeno.
En un mundo de hegemonía absoluta de la comunicación audiovisual, en un modelo productivo donde el tiempo es dinero y, por ello, siempre parece que falta, es preciso plantearse otros modelos de comunicación política. Ya no se puede hablar de ”pedagogía” en su acepción más ortodoxa para explicar una postura concreta. No podemos redactar artículos dignos de sesuda revista especializada -por lo menos en cuanto a su longitud- y pretender que sean entendidos por el gran público cuyas circunstancias personales tienden a verse condicionadas por los criterios señalados más arriba. Es preciso volver a recuperar la cultura de la propaganda, de la prioridad por hacer llegar el mensaje aunque no sea de la forma más ortodoxas y con todas las palabras. Con la cantinela de la “muerte de la ideologías” la propaganda ha adquirido un sentido negativo y evoca para un gran número de personas manipulación, engaño y maquiavelismo, en cuanto que se exaltan los medios independientemente de los fines.
Opino que los fines de la izquierda, como se puede observar en la polémica sobre la negativa a empadronar inmigrantes en situación irregular, son suficientemente nobles; sabemos que llevamos razón. Ahora sólo falta concentrarnos en los medios para desmontar en dos líneas y con un par de teletipos en las agencias de noticias la apelación a las vísceras y a los instintos gregarios más básicos de la especie humana con el “aquí no cabemos todos”. Deberíamos empezar a practicar…y yo a aplicarme el cuento en este blog.
Fuente: Adelantamiento por la Izquierda
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