Opinión: Incontinencia y violencia verbal en la comunicación política

Por Jorge Dell'Oro

Muchas son las frases cargadas de violencia y mucha la verborragia que hemos escuchado a lo largo de la historia del mundo. Quizás el origen del discurso violento habría que buscarlo en la leyenda hindú “De los Nueve Desconocidos” que data del año 273 a.C. Entre los nueve libros que la explican el primero de ellos, estaría dedicado al fundamento de la materia revelando que, de todas las ciencias la más peligrosa es la del control del pensamiento de las multitudes, pues es la que permite gobernar al mundo entero.

La lengua es más poderosa que la espada, decía Eurípides. A esa noción adhirieron muchos gobernantes. Desde Sócrates cuando les decía a sus adversarios: “Me estáis amenazando de muerte porque no os gustan mis puntos de vista ni mis enseñanzas”; desde los encendidos discursos xenófobos del ministro de propaganda nazi Goebbels o, con frases como “Vota por la mañana y estarás muerto por la tarde”, de los movimientos guerrilleros latinoamericanos buscando desalentar el voto ciudadano.

Hoy América Latina soporta la verborragia de unos cuantos adoradores del discurso violento, que tristemente hacen recordar a esa vanidad sin freno del dictador italiano que no se cansaba de repetir “¡Mussolini siempre tiene razón!” y que tan familiarmente suena en nuestros oídos.

Hoy Venezuela, Ecuador, Bolivia y algunos políticos argentinos son cultores del slogan de la oficina de Propaganda Fascista, que decía: “Creer, obedecer, combatir”, concepto base de los agitadores populistas, superado por las democracias modernas del siglo XXI, pero aún vigente en estas latitudes. Sin duda, que ese tipo de discurso tiene pregnancia política en nuestra sociedad. Basta mencionar como ejemplo los alarmantes resultados de la encuesta hecha en países de América Latina por Latinobarómetro. Ésta refleja, que a más del 50% de la gente no le importa tener un gobierno no democrático, mientras éste resuelva sus problemas socio-económicos.

La violencia institucionalizada ha generado una cultura que tiene rechazo por el diálogo y la democracia, y es un buen caldo de cultivo para el desarrollo de la teoría nazi que decía “el lenguaje de la propaganda será siempre el de la indignación; se deslizará sin cesar del juicio de la realidad al juicio del valor. Más aún, cree que la propaganda no debe cuidarse de la verdad por sí misma, sino de la interpretación de aquella parte de la verdad que sirve a un determinado propósito”.

La comunicación en manos de gobernantes sin escrúpulos lo ritualiza todo y es emisora tanto de sus atributos de dominio como de su carácter duradero. Lejos de moderar la sed de poder, la estimula y la convierte en divinidad, y pasa de servidora a sierva.

El culto ciclotímico de los hombres providenciales no es sino cuna de nuestras ignorancias.

Si sentimos que los valores democráticos son avasallados, como ciudadanos deberíamos decir más seguido... “¿Por qué no te callas?”.


Fuente: E-Lecciones

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