Por Raúl Colín
No me puedo dormir, algo inusual en mí, no sé si es el exceso de cafeína o el deseo de regresar a mi país. Es mi última noche en Caracas, Venezuela, lugar en donde no pude dejar de pensar en la política, que a mi juicio muy personal, tiene a este país sumido en el abandono más terrible.
No puedo, por más que quiero, disasociar la imagen de Hugo Chávez, con la de Andrés Manuel López Obrador, y pensar nuevamente, que estuvimos muy cerca de tener a un dictador en nuestro país. Sin duda, sus actitudes son muy similares: mesiánicos, agresivos, atrapados en el marketing electoral que da mucha popularidad a través de la polarización social, buscando el encono y la división. Abogando por los pobres y viviendo como ricos.
La majestuosidad de Caracas se va perdiendo por la falta de mantenimiento, de limpieza, de cuidado. La ciudad se ve sucia y abandonada, abarrotada de consignas, que más parecen ser propias de la Habana que de Venezuela, “Socialismo, Patria o Muerte”, espectaculares llenos de loas al Presidente, que continúa acompañado de la imagen de Simón Bolívar.
La gente se nota triste, preocupada, con mucho miedo, la mayoría no quiere hablar de política y los pocos que acceden a ello, una vez entrados en confianza, se quejan de las políticas de su Presidente, de los pésimos servicios que tienen, de la inseguridad y de su falta de congruencia. El taxista me platicó que apenas hace unos meses, el gobierno de Chávez, donó a Bolivia 160 ambulancias nuevas, cuando ellos carecen de este tipo de servicios. Candil de la calle y obscuridad de la casa, como decía mi abuelita.
Nadie aprende en cabeza ajena, la mayoría de los seres humanos tenemos la desgracia de no escuchar consejos, y tenemos que aprender de nuestros propios errores, a veces a costos muy altos. Lo que sucede en este país debería de servirnos como ejemplo de lo que puede pasar en México, si caemos en manos de un gobierno autoritario y sin la menor visión de futuro.
Venezuela es un país rico, con una gran cantidad de producción petrolera, de hierro y de aluminio, así como de otros productos metalúrgicos. Cada vez tiene menos turismo ante la inseguridad y una deficiente y cara infraestructura turística, aunada al mal trato al turista.
La inversión extranjera es cada vez menor ante los embates del mandatario venezolano que, si despierta de malas, simplemente busca un nuevo enemigo, al que llama imperialista y sin mediar nada más que un capricho, expropia negocios, como ya le sucedió a la compañía mexicana Cemex y al hotel Hilton, así como a edificios comerciales que una vez terminados han sido expropiados. Otro problema gravísimo es la falta de seguridad en la propiedad privada, las invasiones de edificios y aun de oficinas por hordas de familias, que alegando no tener vivienda, son muy comunes. (Justo al lado del hotel en donde me hospedé, un edificio sin terminar, con una inversión millonaria, ha sido ocupado en su totalidad por invasores, ante la complicidad de la autoridad).
Chávez tiene su programa de televisión, continúa dando discursos de horas, como en la mejor época de su mentor y guía, Fidel Castro. (Habrá que admitir que en esto si superó a Andrés Manuel, pues por lo menos Chávez aunque diga locuras, es mucho mejor orador).
Parece que tanto Cuba como Venezuela, tienen la idea de que el socialismo es la repartición de la pobreza, el pensar que todos los seres humanos tenemos las mismas aptitudes, actitudes y ganas de progresar, lo que es totalmente erróneo pues cada ser humano tiene una visión diferente y metas muy distintas.
El país requiere generar más oportunidades, ser más productivo, brindar mayor y mejor educación y servicios con calidad a la población y, por supuesto, gobiernos transparentes y sin corrupción. El problema de nuestro país es que no todos sus habitantes tienen las mismas oportunidades, pero sin duda el socialismo no es la solución.
Lo lamentable en México es que el señor López Obrador aún continúe cautivando a los que menos tienen con su discurso agresivo, que en el pasado dividió al país, polarizó la situación y creó dos bandos, los ricos, empresarios en el grupo de los malos, y los pobres y obreros, en el equipo de los buenos.
Lo que nuestro país precisa en este momento es unidad, trabajo en equipo y una visión conjunta hacía el desarrollo, que genere riqueza, fuentes de empleo, y mejores condiciones de vida.
Es una verdadera pena lo que puede pasar en un país que tiene todo para ser una gran nación y que cae bajo el mando de un dictador, como es el caso de Venezuela, un país rico que genera pobres, que fomenta el divisionismo y que mata las esperanzas de quienes quieren sobresalir.
Ojalá que los mexicanos aprendamos de otras experiencias, sin necesidad de vivir los errores, ya Andrés Manuel, amenaza en ser candidato presidencial en el 2012. Sigo pensando lo mismo. Es un peligro para México.
Fuente: Pulso Político
No me puedo dormir, algo inusual en mí, no sé si es el exceso de cafeína o el deseo de regresar a mi país. Es mi última noche en Caracas, Venezuela, lugar en donde no pude dejar de pensar en la política, que a mi juicio muy personal, tiene a este país sumido en el abandono más terrible.
No puedo, por más que quiero, disasociar la imagen de Hugo Chávez, con la de Andrés Manuel López Obrador, y pensar nuevamente, que estuvimos muy cerca de tener a un dictador en nuestro país. Sin duda, sus actitudes son muy similares: mesiánicos, agresivos, atrapados en el marketing electoral que da mucha popularidad a través de la polarización social, buscando el encono y la división. Abogando por los pobres y viviendo como ricos.
La majestuosidad de Caracas se va perdiendo por la falta de mantenimiento, de limpieza, de cuidado. La ciudad se ve sucia y abandonada, abarrotada de consignas, que más parecen ser propias de la Habana que de Venezuela, “Socialismo, Patria o Muerte”, espectaculares llenos de loas al Presidente, que continúa acompañado de la imagen de Simón Bolívar.La gente se nota triste, preocupada, con mucho miedo, la mayoría no quiere hablar de política y los pocos que acceden a ello, una vez entrados en confianza, se quejan de las políticas de su Presidente, de los pésimos servicios que tienen, de la inseguridad y de su falta de congruencia. El taxista me platicó que apenas hace unos meses, el gobierno de Chávez, donó a Bolivia 160 ambulancias nuevas, cuando ellos carecen de este tipo de servicios. Candil de la calle y obscuridad de la casa, como decía mi abuelita.
Nadie aprende en cabeza ajena, la mayoría de los seres humanos tenemos la desgracia de no escuchar consejos, y tenemos que aprender de nuestros propios errores, a veces a costos muy altos. Lo que sucede en este país debería de servirnos como ejemplo de lo que puede pasar en México, si caemos en manos de un gobierno autoritario y sin la menor visión de futuro.
Venezuela es un país rico, con una gran cantidad de producción petrolera, de hierro y de aluminio, así como de otros productos metalúrgicos. Cada vez tiene menos turismo ante la inseguridad y una deficiente y cara infraestructura turística, aunada al mal trato al turista.
La inversión extranjera es cada vez menor ante los embates del mandatario venezolano que, si despierta de malas, simplemente busca un nuevo enemigo, al que llama imperialista y sin mediar nada más que un capricho, expropia negocios, como ya le sucedió a la compañía mexicana Cemex y al hotel Hilton, así como a edificios comerciales que una vez terminados han sido expropiados. Otro problema gravísimo es la falta de seguridad en la propiedad privada, las invasiones de edificios y aun de oficinas por hordas de familias, que alegando no tener vivienda, son muy comunes. (Justo al lado del hotel en donde me hospedé, un edificio sin terminar, con una inversión millonaria, ha sido ocupado en su totalidad por invasores, ante la complicidad de la autoridad).
Chávez tiene su programa de televisión, continúa dando discursos de horas, como en la mejor época de su mentor y guía, Fidel Castro. (Habrá que admitir que en esto si superó a Andrés Manuel, pues por lo menos Chávez aunque diga locuras, es mucho mejor orador).
Parece que tanto Cuba como Venezuela, tienen la idea de que el socialismo es la repartición de la pobreza, el pensar que todos los seres humanos tenemos las mismas aptitudes, actitudes y ganas de progresar, lo que es totalmente erróneo pues cada ser humano tiene una visión diferente y metas muy distintas.
El país requiere generar más oportunidades, ser más productivo, brindar mayor y mejor educación y servicios con calidad a la población y, por supuesto, gobiernos transparentes y sin corrupción. El problema de nuestro país es que no todos sus habitantes tienen las mismas oportunidades, pero sin duda el socialismo no es la solución.
Lo lamentable en México es que el señor López Obrador aún continúe cautivando a los que menos tienen con su discurso agresivo, que en el pasado dividió al país, polarizó la situación y creó dos bandos, los ricos, empresarios en el grupo de los malos, y los pobres y obreros, en el equipo de los buenos.
Lo que nuestro país precisa en este momento es unidad, trabajo en equipo y una visión conjunta hacía el desarrollo, que genere riqueza, fuentes de empleo, y mejores condiciones de vida.
Es una verdadera pena lo que puede pasar en un país que tiene todo para ser una gran nación y que cae bajo el mando de un dictador, como es el caso de Venezuela, un país rico que genera pobres, que fomenta el divisionismo y que mata las esperanzas de quienes quieren sobresalir.
Ojalá que los mexicanos aprendamos de otras experiencias, sin necesidad de vivir los errores, ya Andrés Manuel, amenaza en ser candidato presidencial en el 2012. Sigo pensando lo mismo. Es un peligro para México.
Fuente: Pulso Político
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