por Markus Leroy
Los partidos políticos en España no cuidan al electorado. Hacen política a la contra en aras de demonizar al oponente para que, por la pérdida de los votos que esta estrategia pueda provocar en las filas de aquel, haga que el partido propio alcance una mayoría relativa y suficiente para una coalición posterior de gobierno. Partiendo de unos umbrales de voto asegurado los gurús del marketing electoral, que fundamentalmente actúan únicamente ante los procesos electivos, aconsejan a las cúpulas de los aparatos de los partidos con unas campañas encaminadas a ese fin. Y veamos quién pierde más votos.
El Discurso.com propone seis reglas básicas para que los partidos políticos hagan exactamente todo lo contrario de manera que se consiga involucrar en el voto al ciudadano por lo que ofreces y no por lo qué no ofrece el oponente, ni lo mal que lo ha hecho, lo hace y lo hará si le das tu voto. Claro que para ello se necesita de buenos cuadros en los partidos y una idea de acción política clara y diáfana que probablemente no tengan hoy.
Enumeremos las seis reglas básicas:
1ª Ambiente estimulante y fidelización.
Es fundamental, con carácter previo, crear un ambiente estimulante alrededor del ideario del partido que facilite que el ciudadano se acerque a conocer de verdad y en profundidad el programa político que se propone, y una vez conocido y aceptado continúe siendo fiel al mismo.
Ese ambiente requiere de una acción coordinada de los cuadros locales de los partidos que produzcan una atmósfera fresca, positiva y creadora de lo que serían capaces de transformar si pudiesen gobernar gracias a los votos que se pretende captar y fidelizar. Cuadros entregados a potenciar las líneas básicas del programa del partido con independencia, y sin citar, lo que hacen los contrarios, pues está implícito que lo hacen peor de lo que ellos lo harían. Además debe quedar claro que muchas de las políticas del adversario son asumibles y acertadas por lo que atacarlas hoy para aplicarlas mañana los hace quedar de falsos.
2ª Apoyar, reforzar y enriquecer la imagen del partido.
Cuando nos referimos a la imagen no lo hacemos al logotipo, la musiquilla, las banderas; todo eso es banal. La imagen se refuerza y se enriquece ofreciendo al ciudadano alternativas de acción para cada una de las múltiples situaciones que se producen y que se pondrían en práctica en el supuesto de que estuviesen en el poder. El ciudadano podría así comparar entre lo que hacen unos y lo que harían los otros. La imagen del partido, si se hace bien, queda como una alternativa obligada para el siguiente encuentro electoral. Y si se propone mal, entonces no se merece ganar.
El concepto de enriquecer no es baladí. Al tiempo que el gobierno se modula con la acción de gobierno, la oposición debería hacerlo también con el ejercicio de su función opositora. Ambos están obligados a jugar su papel y ambos deben apoyar, reforzar y enriquecer su imagen. Desde posiciones distintas, con medios diferentes, pero con el mismo espíritu constructivo alejado de la pelea de gallos en un lodazal al que estamos acostumbrados.
3ª. Darle forma a la identidad y a la imagen del partido para aumentar el reconocimiento del mismo y hacerlo atractivo al voto.
Una vez más obliga a construir un programa político claro y conciso, de pocas ideas pero clarísimas, que sean fácilmente comunicables, identificables y de estricto cumplimiento. Aquello que no se va a cumplir no se deben prometer. Los pocos principios básicos del partido no deberían ser más de cuatro o cinco. Todo lo demás se desarrollará con el articulado en el que esos principios se traducen, y que no hace falta enumerar para no abrumar al elector, que además ni se entera ni se las va a creer. Es imposible que cumplas todo esto, dirá. Y con razón.
4ª Construir un vínculo duradero con los ciudadanos y no solo acordarse de ellos en los procesos electorales.
En una palabra crear unión. Para ello, definidas esas líneas generales del espíritu del partido, hay que estar en contacto con los ciudadanos, a todos lo niveles, y no dejar en los personalismos de los primeros espadas que repiten las mismas monsergas en todos sus actos, siempre a la contra, que aburren y no despiertan ningún interés pues ya se conoce de antemano lo que van a decir. Variaciones sobre el mismo mantra. Una comunicación fluida y multipersonal que impregne a la sociedad de los valores del partido y su política, es de lo que estamos hablando.
5ª Involucrar al ciudadano.
Como corolario de esta acción divulgadora y vincular antes enunciada, hay que involucrar al ciudadano para que sirva de correa de transmisión. “Si a tí te gusta haz partícipe de este bien a tus amigos y familiares”, es la idea.
6ª Elevar la moral de los afiliados.
Por último, y no menos importante, es elevar la moral de los afiliados. Los afiliados son fundamentales en esta nueva estrategia política pues son ellos los agentes responsables de llevar a la práctica cotidiana los puntos arriba expuestos. Los afiliados observan con desánimo la falta de democracia interna en sus partidos; son conscientes de muchas de las faltas de compromiso con la palabra dada; no entienden por injusta la promoción interna entre sus filas; no sienten la camiseta porque poco a poco se han desilusionado.
Los partidos tienen en ellos un doble problema: por un lado no contribuyen a poner en práctica el ambiente estimulante, ni la imagen ni nada de lo ya comentado, y por otro, y además, transmiten en sus círculos próximos su falta de moral. Una actitud que se contagia y que supone el principio del fin.
Es evidente que estas seis reglas básicas darían un vuelco a las estructuras partidarias y a la democracia del país. Su puesta en práctica representaría una de las acciones necesarias para la obtener la obligada regeneración democrática. Pero también es cierto que los partidos puede que no tengan cuadros para ponerlas en práctica, o simplemente no les interese. Al menos quedan dichas.
Fuente: El Discurso
Los partidos políticos en España no cuidan al electorado. Hacen política a la contra en aras de demonizar al oponente para que, por la pérdida de los votos que esta estrategia pueda provocar en las filas de aquel, haga que el partido propio alcance una mayoría relativa y suficiente para una coalición posterior de gobierno. Partiendo de unos umbrales de voto asegurado los gurús del marketing electoral, que fundamentalmente actúan únicamente ante los procesos electivos, aconsejan a las cúpulas de los aparatos de los partidos con unas campañas encaminadas a ese fin. Y veamos quién pierde más votos.
El Discurso.com propone seis reglas básicas para que los partidos políticos hagan exactamente todo lo contrario de manera que se consiga involucrar en el voto al ciudadano por lo que ofreces y no por lo qué no ofrece el oponente, ni lo mal que lo ha hecho, lo hace y lo hará si le das tu voto. Claro que para ello se necesita de buenos cuadros en los partidos y una idea de acción política clara y diáfana que probablemente no tengan hoy.
Enumeremos las seis reglas básicas:
1ª Ambiente estimulante y fidelización.
Es fundamental, con carácter previo, crear un ambiente estimulante alrededor del ideario del partido que facilite que el ciudadano se acerque a conocer de verdad y en profundidad el programa político que se propone, y una vez conocido y aceptado continúe siendo fiel al mismo.
Ese ambiente requiere de una acción coordinada de los cuadros locales de los partidos que produzcan una atmósfera fresca, positiva y creadora de lo que serían capaces de transformar si pudiesen gobernar gracias a los votos que se pretende captar y fidelizar. Cuadros entregados a potenciar las líneas básicas del programa del partido con independencia, y sin citar, lo que hacen los contrarios, pues está implícito que lo hacen peor de lo que ellos lo harían. Además debe quedar claro que muchas de las políticas del adversario son asumibles y acertadas por lo que atacarlas hoy para aplicarlas mañana los hace quedar de falsos.
2ª Apoyar, reforzar y enriquecer la imagen del partido.
Cuando nos referimos a la imagen no lo hacemos al logotipo, la musiquilla, las banderas; todo eso es banal. La imagen se refuerza y se enriquece ofreciendo al ciudadano alternativas de acción para cada una de las múltiples situaciones que se producen y que se pondrían en práctica en el supuesto de que estuviesen en el poder. El ciudadano podría así comparar entre lo que hacen unos y lo que harían los otros. La imagen del partido, si se hace bien, queda como una alternativa obligada para el siguiente encuentro electoral. Y si se propone mal, entonces no se merece ganar.
El concepto de enriquecer no es baladí. Al tiempo que el gobierno se modula con la acción de gobierno, la oposición debería hacerlo también con el ejercicio de su función opositora. Ambos están obligados a jugar su papel y ambos deben apoyar, reforzar y enriquecer su imagen. Desde posiciones distintas, con medios diferentes, pero con el mismo espíritu constructivo alejado de la pelea de gallos en un lodazal al que estamos acostumbrados.
3ª. Darle forma a la identidad y a la imagen del partido para aumentar el reconocimiento del mismo y hacerlo atractivo al voto.
Una vez más obliga a construir un programa político claro y conciso, de pocas ideas pero clarísimas, que sean fácilmente comunicables, identificables y de estricto cumplimiento. Aquello que no se va a cumplir no se deben prometer. Los pocos principios básicos del partido no deberían ser más de cuatro o cinco. Todo lo demás se desarrollará con el articulado en el que esos principios se traducen, y que no hace falta enumerar para no abrumar al elector, que además ni se entera ni se las va a creer. Es imposible que cumplas todo esto, dirá. Y con razón.
4ª Construir un vínculo duradero con los ciudadanos y no solo acordarse de ellos en los procesos electorales.
En una palabra crear unión. Para ello, definidas esas líneas generales del espíritu del partido, hay que estar en contacto con los ciudadanos, a todos lo niveles, y no dejar en los personalismos de los primeros espadas que repiten las mismas monsergas en todos sus actos, siempre a la contra, que aburren y no despiertan ningún interés pues ya se conoce de antemano lo que van a decir. Variaciones sobre el mismo mantra. Una comunicación fluida y multipersonal que impregne a la sociedad de los valores del partido y su política, es de lo que estamos hablando.
5ª Involucrar al ciudadano.
Como corolario de esta acción divulgadora y vincular antes enunciada, hay que involucrar al ciudadano para que sirva de correa de transmisión. “Si a tí te gusta haz partícipe de este bien a tus amigos y familiares”, es la idea.
6ª Elevar la moral de los afiliados.
Por último, y no menos importante, es elevar la moral de los afiliados. Los afiliados son fundamentales en esta nueva estrategia política pues son ellos los agentes responsables de llevar a la práctica cotidiana los puntos arriba expuestos. Los afiliados observan con desánimo la falta de democracia interna en sus partidos; son conscientes de muchas de las faltas de compromiso con la palabra dada; no entienden por injusta la promoción interna entre sus filas; no sienten la camiseta porque poco a poco se han desilusionado.
Los partidos tienen en ellos un doble problema: por un lado no contribuyen a poner en práctica el ambiente estimulante, ni la imagen ni nada de lo ya comentado, y por otro, y además, transmiten en sus círculos próximos su falta de moral. Una actitud que se contagia y que supone el principio del fin.
Es evidente que estas seis reglas básicas darían un vuelco a las estructuras partidarias y a la democracia del país. Su puesta en práctica representaría una de las acciones necesarias para la obtener la obligada regeneración democrática. Pero también es cierto que los partidos puede que no tengan cuadros para ponerlas en práctica, o simplemente no les interese. Al menos quedan dichas.
Fuente: El Discurso
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