Piñera hizo una campaña inteligente. Y no fue casualidad. A diferencia de las de Lavín (1999 y 2005) y la suya propia (2005) se notó la mano de un equipo de comunicaciones profesional, un grupo de personas que entienden que la comunicación política no es el “decorado final” que se le pone encima a las políticas públicas. Esto se ve en dos puntos clave y que nadie ha destacado.
Uno. Revise su memoria de las campañas de la centroderecha y compare a Piñera. En el último año y medio no ha pronunciado la palabra “incentivo”, “impuestos”, “subvención”, etc. Lavín y Piñera contaron en el pasado con el mejor equipo de economistas y el mejor manual de políticas públicas de la historia de Chile. Encima le pusieron un betún comunicacional intragable a veces (“Alas para todos”) y perdieron siempre. Ahora Piñera dejó de lado el discurso formateado de Libertad y Desarrollo –que reduce todo a ajustes entre la oferta y la demanda- y empezó a hablar en idioma chileno.
Dos. En su columna del domingo en Reportajes de La Tercera (que nadie leyó porque todos estábamos preocupados de las elecciones… ese día los diarios nacen muertos), Héctor Soto se pregunta cómo cambia un candidato entre el primer día de campaña y el último. Y Piñera cambió para bien. Eso es mérito de un trabajo invisible, cuyo éxito se mide por lo que no aparece en pantalla. Revise el discurso del domingo afuera del hotel Crowne Plaza y cuente el número de adjetivos sinónimos usados por Piñera. 3 ó 4, no más. Revise un discurso de marzo de este año: entre 12 y 13 por párrafo. Eso es comunicación profesional.
Uno. Revise su memoria de las campañas de la centroderecha y compare a Piñera. En el último año y medio no ha pronunciado la palabra “incentivo”, “impuestos”, “subvención”, etc. Lavín y Piñera contaron en el pasado con el mejor equipo de economistas y el mejor manual de políticas públicas de la historia de Chile. Encima le pusieron un betún comunicacional intragable a veces (“Alas para todos”) y perdieron siempre. Ahora Piñera dejó de lado el discurso formateado de Libertad y Desarrollo –que reduce todo a ajustes entre la oferta y la demanda- y empezó a hablar en idioma chileno.
Dos. En su columna del domingo en Reportajes de La Tercera (que nadie leyó porque todos estábamos preocupados de las elecciones… ese día los diarios nacen muertos), Héctor Soto se pregunta cómo cambia un candidato entre el primer día de campaña y el último. Y Piñera cambió para bien. Eso es mérito de un trabajo invisible, cuyo éxito se mide por lo que no aparece en pantalla. Revise el discurso del domingo afuera del hotel Crowne Plaza y cuente el número de adjetivos sinónimos usados por Piñera. 3 ó 4, no más. Revise un discurso de marzo de este año: entre 12 y 13 por párrafo. Eso es comunicación profesional.
Fuente: Prensa Chilena
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