Por Pedro Gómez
El marketing político sugiere para cada temporada una frase o dos palabras que -piensan- pueden ayudar a salvar la situación (esta nuestra, amén de ser global es muy específica). Y las palabras mágicas que han saltado son las de ‘brotes verdes’. O sea, en medio de la aridez de la vida -como un gran desierto de valores y de dinero- aparecen los brotes verdes que al menos son esperanza de que vamos a salir de la crisis.
Pero esta panorámica tiene un paralelo y un antecedente en la Liturgia adviental que estamos viviendo. El libro bíblico de Baruc 5, 1-9 nos habla de los renuevos del tronco de Jese ‘ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel’, pero para ello es preciso un esfuerzo notable de ‘abajarse los montes elevados y las colinas encumbradas’.
Ha mandado Yavé -el Dios de Israel- llenarse los barrancos hasta allanar el suelo, para caminar con seguridad, para andar con alegría a la luz de su Gloria, proceder con justicia y misericordia, preparad el camino del Señor: ‘que lo torcido se enderezca, lo escabroso se iguale’. Todo ello tiene un lenguaje superior a la ingeniería de caminos, y es lo que se llama en ascética ‘conversión’.
Lucas, en esta labor marcada por el Profeta, supera a los reyes y gobernantes. Juan irrumpe en ese desierto (donde no hay salvación) anunciando que no estamos condenados para siempre, al menos en un horizonte divino y escatológico, al fracaso, la desolación o la destrucción.
De momento, a falta de realidades o evidencias tangibles, ilusionismo puro, engaño o mentira, que da la esperanza y la tarea. El que ha recibido o acepta el don de la esperanza auténtica y firme, ha de ponerse a la tarea de hacerla posible para otros.
Así lo han anunciado profetas de ayer, y de siempre. Cada Adviento fomenta la esperanza (aunque en vigilante espera, como dice la Liturgia) y tiene su cumplimiento en la Navidad que viene cada año, a cada uno y generación. Viene y llega, a pesar de todo y de muchos.
Benazir Butto -profeta de hoy- así lo anuncia: ‘Recuperaron sueños, a pesar de incontables ocasiones. Salieron al gran circo despiadado para el final martirio. No miran atrás. Se inmolaron intactos. Y nadie los detuvo’.
Fuente: La Región
El marketing político sugiere para cada temporada una frase o dos palabras que -piensan- pueden ayudar a salvar la situación (esta nuestra, amén de ser global es muy específica). Y las palabras mágicas que han saltado son las de ‘brotes verdes’. O sea, en medio de la aridez de la vida -como un gran desierto de valores y de dinero- aparecen los brotes verdes que al menos son esperanza de que vamos a salir de la crisis.
Pero esta panorámica tiene un paralelo y un antecedente en la Liturgia adviental que estamos viviendo. El libro bíblico de Baruc 5, 1-9 nos habla de los renuevos del tronco de Jese ‘ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel’, pero para ello es preciso un esfuerzo notable de ‘abajarse los montes elevados y las colinas encumbradas’.
Ha mandado Yavé -el Dios de Israel- llenarse los barrancos hasta allanar el suelo, para caminar con seguridad, para andar con alegría a la luz de su Gloria, proceder con justicia y misericordia, preparad el camino del Señor: ‘que lo torcido se enderezca, lo escabroso se iguale’. Todo ello tiene un lenguaje superior a la ingeniería de caminos, y es lo que se llama en ascética ‘conversión’.
Lucas, en esta labor marcada por el Profeta, supera a los reyes y gobernantes. Juan irrumpe en ese desierto (donde no hay salvación) anunciando que no estamos condenados para siempre, al menos en un horizonte divino y escatológico, al fracaso, la desolación o la destrucción.
De momento, a falta de realidades o evidencias tangibles, ilusionismo puro, engaño o mentira, que da la esperanza y la tarea. El que ha recibido o acepta el don de la esperanza auténtica y firme, ha de ponerse a la tarea de hacerla posible para otros.
Así lo han anunciado profetas de ayer, y de siempre. Cada Adviento fomenta la esperanza (aunque en vigilante espera, como dice la Liturgia) y tiene su cumplimiento en la Navidad que viene cada año, a cada uno y generación. Viene y llega, a pesar de todo y de muchos.
Benazir Butto -profeta de hoy- así lo anuncia: ‘Recuperaron sueños, a pesar de incontables ocasiones. Salieron al gran circo despiadado para el final martirio. No miran atrás. Se inmolaron intactos. Y nadie los detuvo’.
Fuente: La Región
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