Los descalabros recientes del PAN en Coahuila parecen haber orillado a un cambio de la estrategia de penetración electoral, que implica evitar los conflictos con la administración estatal y concentrar su discurso en destacar aptitud para el concenso aprovechando las ventajas de su adversario.Si los priístas tuvieran como lema “Por un Gobierno de la Gente” o algún juego de palabras semejante, serían objeto de denuncias y litigios legales por aprovechar el sello del Gobierno Estatal.
Si los priístas usaran un lema como “Mano con Mano” o algo así, las denuncias llevarían a sanciones graves.
Pero al hacerlo desde el PAN no es tan sencillo entablar un litigio por aprovechar el posicionamiento de un gobierno surgido de otro partido para lograr la aprobación del público.
Nadie puede evitar pensar en las carencias discursivas de la nueva camada panista. Poca capacidad para articular expresiones más o menos asertivas que les permitan ganarse la confianza.
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Amparados en el estilo desenfadado que Vicente Fox puso de moda, y cuyo origen tiene que ver quizás en un primer momento con un razonamiento plagado de buenas intenciones pero con una supina ignorancia de lo que debe de ser, hoy se escucha en cada proceso electoral innumerables pifias, atrocidades propositivas y los vacíos intelectuales sustituidos con fanfarronerías y palabras fáciles.
Las campañas son un estruendo, en el que lo mismo cabe una tradicional promesa de mejorar calidad de vida, que un doble sentido articulado con baratos juegos de palabras.
“Óscar sí cumple, es cumplidor, a usted no le cumplen, Óscar si”. Es más o menos la sesuda abstracción mediante la cual, el personaje que se autonombra “El Muñeco”, difunde en una conversación de supuestas amas de casa.
Moahamar no acepta ni siquiera ir a un diálogo al Tec de Monterrey, con Jericó Abramo. Eso, a pesar de que el público es generalmente favorable al PAN. Y se puede advertir una posibilidad: en el Tec, maestros y alumnos son reflexivos aunque tendientes a la derecha, razón por la cuál sería poco inteligente subir a una tribuna por no tener nada qué decir, como ocurrió en 3 años de ejercicio legislativo como Moahamar.
Admite ser metrosexual, presume su injerto de cabello para poblar las entradas de una frente amplia y está dispuesto a desatar cualquier provocación, a fin de atraer los reflectores mediáticos que hasta en su propio partido le son recriminados.
No hay empacho en violar leyes electorales o de la Administración Pública Federal. Programas de materiales para la construcción son “bajados” a través de comités de campaña sin el menor recato. Y, por si fuera poco, acusan al PRI de ejecutar un proselitismo clientelar.
En Torreón, la promoción de Jesús de León, el panista candidato a alcalde, difunde el lema: “Cerca de la gente”.
En Ramos Arizpe, el candidato del PAN, Héctor Horacio Dávila, plantea que trabajará “Mano con Mano” con el gobierno de Humberto Moreira, para “continuar transformando Ramos Arizpe”.
La magia de sus palabras radica en que pretende un aprovechamiento doble. Por un lado, se atribuye el programa de desarrollo social que combate el rezago en los indicadores de calidad de vida y, por otro confunde al asumir criterios discursivos del PRI para este proceso electoral.
La situación es llamativa. Los panistas fueron los primeros y, por largo tiempo dominaron las estrategias del marketing político. Fue así como lograron abatir el clientelismo priísta hacia mediados de los noventa y se consagraron en la elección del 2000.
Publicistas como Santiago Pando y el español Antonio Solá, entre otros, aventajaban siempre a los priístas en el diseño de campañas electorales y gubernamentales.
Mejor diseño, mejor música, frases cortas y pegajosas, el PAN contaba con elementos suficientes para acaparar el mercado de la opinión pública con estrategias muy sofisticadas de transmisión de mensajes. Convertían errores graves como el “hoy, hoy, hoy”, en propaganda positiva y sabían deteriorar a sus adversarios con campañas negras, utilizando con habilidad la internet.
Además, de ejecutar contracampañas.
Por los resultados en Coahuila de las dos últimas elecciones ocurridas en menos de un año, es evidente que no sólo fueron superados por los priístas coahuilenses en la forma de transmitir mensajes sino que, ahora sí, vacíos de estrategia territorial, ideas y publicidad de mayor alcance, se han pertrechado en la palabra fácil, la diatriba y el plagio del marketing priísta local, que por cierto, no ha contratado a despachos costosos para diseñar sus campañas y posicionar a su personalidades.
Podría parecer que esta entrega intenta favorecer al PRI, pero lejos de ello, implica un señalamiento al deterioro del nivel de discusión política que, a través del discurso y de la mercadotecnia política, permite a los ciudadanos conocer los puntos de vista, las ideas para el futuro, la propuesta pues, de quienes compiten por alcanzar un puesto de elección popular.
¿A quién puede engañar que un panista se presente como feliz abanderado del Gobierno de la gente? ¿A quién puede engañar que le presenten una oferta electoral como producto del trabajo mano con mano para seguir creciendo? Habrán medido que el posicionamiento de, digamos, esas marcas, es tan fuerte que lejos de obtener ventaja están fortaleciendo el papel del PRI y del gobierno surgido de ese partido?
A la falta de preparación, ideas y credibilidad, los panistas coahuilenses están sumando la falta de estrategias de mercado, desnudando su vacío y superficialidad.
Decaídos electoralmente, por los descalabros recientes y por el resultado de las mediciones que favorecen por mucho al PRI, los panistas se han embarcado en un camino que a estas alturas no pueden modificar y que con seguridad les habrá de descontar más de lo que hasta ahora se percibía.
Así, los panistas en Coahuila pasaron de la ausencia de discurso y la palabrería hueca, al plagio de su oponente, con lo que es muy viable que el descalabro sea peor que en elecciones pasadas. En el fondo como en la superficie, no hay nada.
Fuente: Vanguardia
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