Los críticos con el actual sistema de cosas tienen una sola certeza: por quién no votarán; la gran duda es por quién lo harán, mucho más si se considera que el 6 de diciembre los bolivianos participarán de un proceso electoral altamente politizadoEn momentos cruciales como los actuales, cuando las elecciones presidenciales se aproximan, es muy fácil advertir que Bolivia observa un candidato oficialista fuerte, con todas las posibilidades de vencer, y una oposición dispersa, desalentada, alejada de la realidad. No interesa cuánto digan los líderes o los candidatos que están contra Evo Morales, sino cuánto aportan y cuánto convencen al electorado.
El actual escenario preelectoral boliviano pone en evidencia que no hay lugar para unipolaridad política y mucho menos para la bipolaridad. La dispersión de los candidatos de oposición refleja cuán diversa y confrontada se encuentra, en sus bases, la sociedad boliviana. Una sociedad que no comparte ni entiende el estilo de un gobierno diferente, con metas distintas a las que tuvieron los anteriores ni a los opositores que procuran constituirse en los nuevos mesías bolivianos.
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Las experiencias políticas en la región hacen posible una afirmación: hubo alternancia entre diferentes partidos de una misma corriente, sean de izquierda o de derecha. En Estados Unidos parece que sí funciona la alternancia y la “bipolaridad”, porque demócratas como republicanos ejercen el poder, pero sin afectar políticas de Estado. Como ocurre en nuestros países.
Los políticos tradicionales, aún de pequeña estatura política, no leyeron correctamente la realidad que emergió con la llegada de Evo Morales al poder. Desde el 2006, desde el Congreso o desde las regiones, los dirigentes no encontraron otro camino que reaccionar, atacar, cuestionar, rechazar. Es decir que se olvidaron del proyecto alternativo.
En estas semanas, los políticos opositores intentaron hacer aquello que pudieron resolver en cuatro años. Suponen que algunas reuniones, votos resolutivos y acuerdos de última hora, podrán lograr milagros electorales. Para colmo, esos líderes se apresuraron a lanzarse por la presidencia, olvidando aquello del márketing político: La campaña política debe empezar desde el nivel más alto posible; sin generar incertidumbre en los electores ni dar paso a oscilaciones. A los opositores que están tomando sus decisiones más importantes en estos días habrá que preguntarles si el lanzamiento definitivo de su candidatura tendrá la fuerza suficiente para sostenerse durante la campaña.
Son tantos los temas de la agenda del oficialismo, que la oposición no sabe por dónde comenzar para definir su oferta electoral. Unos candidatos aluden a la destrucción de las instituciones, otros a la hegemonía andina y otros han optado por proponer que actividades económicas legales y productivas.
Ciudadanos que son críticos con el actual sistema de cosas tienen una sola certeza: por quién no votarán; la gran duda es por quién lo harán, mucho más si considera que el 6 de diciembre, los bolivianos participarán de un proceso electoral altamente politizado, mucho más que antes. No hay dudas, los presidenciables irán por la reafirmación del poder o por la conquista de él, por encima de las propuestas durante la campaña.
Para los medios de comunicación hay un tema ético jamás visto hasta ahora. ¿Cómo dar un tratamiento equitativo a la oposición y al MAS, cuando este último hace noticia con el Presidente todos los días, varias veces al día, mientras los candidatos opositores acceden a entrevistas aisladas?
Fuente: La Razón
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